Desvarío. No puedo discernir entre la muerte y el abandono. Los duelos son parientes. Mi rebeldía no logra invocar argumentos convincentes porque la lógica no es un arma eficaz para ahuyentar los fantasmas del pasado. El tiempo se detiene en la espera de un objeto que sólo adquiere trascendencia en su demorado viaje de regreso a casa. El porvenir es un parto doloroso porque la memoria viene y va – como el péndulo de un reloj antiguo – entre el último suspiro después de la agonía y las gotas de sudor en el sexo de la despedida.
Busco, en largos y sinuosos subterráneos - tanteando, porque ya no me quedan otros recursos - una señal, un indicio o tal vez un rayo de luz intermitente que me imponga un deber: seguir andando para encontrar la diferencia.
Dicen que en la pared herrumbrada de un viejo conventillo alguien escribió “Arriba compañeros, que la vida puede más”. Dicen que la vida ilumina cualquier oscuridad.
LA CONJURA DE LOS NECIOS
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Como intuyó el malogrado Kennedy O'Toole, parecería que la sociedad y
nuestras vidas son fruto de una conjura de necios. El discurso ético que
debería orie...
Hace 12 horas








