
Intuyo - porque no puedo esgrimir argumentos que garanticen un conocimiento - que existe alguna vinculación entre la crisis financiera internacional y el asalto en todos los medios de comunicación del tema de la inseguridad ciudadana. Los ciclos de concentración del poder y la riqueza producen - necesariamente - un aumento en la virulencia de los reclamos de las masas marginadas que aumentan progresivamente.
La banalización de los conflictos sociales y sus efectos en el porvenir de la humanidad es alarmante y pone de manifiesto que lejos de estar buscando soluciones reales y efectivas que apuesten a construir un mundo mejor estamos quemando los escasos recursos que tenemos en seguir reproduciendo el sistema que los alimenta. Lo individual y lo colectivo son dos categorías que suelen asociarse, cuando se las enfrenta, a una ideología que muchos creen muerta y enterrada. Sin embargo, el individuo como tal, sólo existe y es posible en tanto exista el colectivo que lo contenga. Necesitamos del otro (de los otros) para vivir y evolucionar como especie. Si seguimos aniquilando al colectivo social, si seguimos expulsando, marginando y condenando a la pena de muerte – ya sea por el monopolio del uso de la fuerza que le corresponde al Estado, ya sea por la concentración de la riqueza en las manos del poder que condena al hambre – estaremos disparando las balas que - tarde o temprano - habrán de matarnos a todos.
Vivimos – en mayor o menor grado según el lugar de privilegio en el que nos ha tocado nacer - inmersos en sociedades que están enfermas, en sociedades que padecen un hambre secular, vivimos en un mundo que ha condenado lenta y progresivamente, a la inmensa mayoría de sus habitantes a la degradación de su condición humana. Llevamos años, tal vez siglos, en esta tarea de enfrentar a una minoría poderosa que vive satisfecha desarrollando todo su potencial contra una mayoría que siente y padece el deterioro paulatino de su condición mientras es expulsada y marginada de todas las categorías del “bienestar” que se conquistaron gracias al aporte de su “mano de obra”
Aún si fuera posible ponernos todos de acuerdo para cambiar el sistema que ordena este desastre nos llevaría muchos años de trabajo y enfrentamientos porque ya no es posible revertir los efectos enquistados en el cuerpo social de generaciones que sólo pueden remontarse con su memoria a una historia de marginación y exclusión. Aún si fuera posible ponernos de acuerdo, para construir un “hombre nuevo” tendremos que aprender a vivir con las consecuencias de los actos del “hombre” que pretendemos dejar atrás.










