jueves 31 de julio de 2008

El infierno tan temido.

Edvard Munch


Al abrir la puerta la encontró sentada en la cocina, a oscuras y esperando. La falta de luz de daba un aura fantasmal. Se inquietó al verla porque a esas horas de la madrugada ella siempre dormía. Aunque Sara les daba vida a sus personajes en el más hondo silencio de las noches regulares, a las 5 de la mañana ya estaba soñando las historias de duendes y fantasmas que recrearía con su trazo.
No se atrevió a preguntar - subestimarla era el único error que jamás había cometido - pero se sentó a su lado y la besó.
El contorno borroso de sus labios y el timbre nostálgico en la voz al decir – ¿te acordás de la tarde que nos conocimos? sin esperar una respuesta, le confirmó lo que intuía.
Se conocían demasiado y se querían mucho más como para desquitarse inútilmente – provocando heridas irreversibles – con reproches o reclamos destemplados de cuentas pendientes, que si las tenían, se habían compensado con la lenta irrealidad de un tiempo ya pasado. Los dos habían apostado por igual a trazar caminos diferentes que tuvieran esquinas para encontrarse y sorprenderse, recodos para ocultarse y barrancos para desafiarse. Y lo habían logrado, los años que llevaban juntos de amor y desencuentros y amor vuelto a encontrar eran la huella en la que podían verse reflejados, la excepción a la regla del infierno tan temido al que el tiempo implacable condenaba, de los días de hastío y soledad, de adivinarse antes de tiempo o de ignorarse para existir.
- No sé cómo Sara, pero algo me pasó y no puedo evitarlo, nos encontramos sin querer y…
Ella no lo dejó terminar, apoyó la mano en su brazo y dijo – no me cuentes, no quiero saber, no puedo con el dolor y el espanto de imaginarla contigo, quiero - en esta última noche - colocar la pieza que faltaba en el rompecabezas de la vida que deseamos. Después, tal vez podamos perdonarnos.
El no esperaba otra cosa, la dignidad con la que siempre enfrentaba la vida y sus miserias o la falta de pasión para imponerse o reclamar eran su sino, aunque ahora, en el frío inmaculado de la cocina, al verla recostarse en la silla - vulnerable - sintió que algo había cambiado para siempre. La noche se fue gastando con las horas mudas y la última copa de vino de esa extraña comunión en que todo se comprende, se manchó de rojo con las primeras luces de la madrugada.
Fue en ese preciso momento que la vio, frágil, resignada, enigmática y con un destello en la mirada que no le conocía, como del odio de Dios de una venganza consumada.
Un hilo de sangre seguía su curso hasta las baldosas para sumarse al charco que se dibujaba en el piso de la cocina antes inmaculado. Sólo pudo gritar su impotencia, y el eco hizo del grito un lamento interminable que aún hoy – a tantos años vista – se escucha por las noches entre los escombros de la casa abandonada.

martes 29 de julio de 2008

Elegir

La Pedrera - 1997 - Juan Varese


Lo vi de lejos, mientras me acercaba al mar por la calle empedrada, un ritual que cumplía metódicamente cada vez que llegaba a ese paraíso de cielos estrellados por las noches y barrancos intrincados de una tierra virgen de modernidades que deben explorarse en lo que deja el día.
Era sólo una silueta recortada por la luz de una luna llena en un fondo iluminado. No pude reconocerlo a la distancia, pero cuando nuestras miradas se enfrentaron, ni los años transcurridos, ni la barba que ocultaba sus labios resecos por la costumbre del silencio, pudieron engañarme. Era el Gato. Mi euforia contrastaba con su parsimonia, mi emoción con las lágrimas de dolor que asomaban en su rostro. Nos abrazamos, pero el abrazo apretado resumía algo más que el pasado en que no fuimos.
Cuando nos sentamos, el Gato arrancó a contarme con una urgencia que no le conocía – solos los dos – en el silencio de la noche, como si nunca nos hubieran interrumpido la conversación que iniciamos veinte años atrás y que quedó truncada por el asalto inesperado y violento de las armas.

Había llegado esa misma tarde con sus hijos. María con 10 años recién cumplidos y Pablo que cumpliría 12 durante las vacaciones.
Fueron a la playa del barco encallado, querían buscar el tesoro prometido en los libros de piratas y doncellas encantadas. Y lo hicieron, y se aventuraron a escaso metro y medio del mar, entre los hierros retorcidos y las maderas desgatadas por la sal, hasta que una corriente traicionera los arrastró a un abismo sin retorno. Un remolino inesperado.
Fue una fracción de segundo - me repetía – como queriendo explicar la dimensión y la trascendencia del tiempo - cuánta vida cabe, cuántos pensamientos, cuánto miedo, cuántas dudas imposibles. Sin horizonte y enfrentado al poder devastador del mar, tenía que elegir a uno de sus hijos, porque sólo alcanzaría a salvar a uno.
La suerte tal vez, o las circunstancias, o simplemente la sabiduría de los lugareños – pescadores habituados a la imprudencia - evitaron la catástrofe. Como viniendo de la nada, surgieron brazos de hombres fuertes, tablas para asirse y otra vez el aire para respirar.
Llegó a la orilla con sus hijos. María y Pablo estaban bien - aunque asustados - sin heridas visibles que el cariño no pueda curar.

Él sin embargo, seguía allí, sentado frente al mar, oprimido por la urgencia de explicar, de justificarse, destruido por la culpa irreversible. Lo peor no fue la experiencia – dijo – de todo se aprende y salimos con vida para contarlo, lo peor es que yo – en esa infame fracción de segundo – elegí, y ahora no sé cómo vivir para olvidarlo.

lunes 28 de julio de 2008

Obsceno sin matices.

Salón de baile - Palacio de Buckingham

Francamente, no sé que es más obsceno, si ocultarlo o vanagloriarse. No voy a discutir la pertinencia de los Estados Monárquicos – no creo que merezca el gasto - aunque me consta que entre algunos hombres y mujeres que se dicen de izquierdas, se puede percibir cierta simpatía teñida de argumentación política coyuntural que pretende justificar su existencia, pero el sólo hecho de pensar que con los impuestos que un Estado recauda, fruto del trabajo honesto de millones de trabajadores, intelectuales, obreros, campesinos, hacedores al fin del engranaje que hace posible que el mundo siga andando, se paga el despilfarro más humillante e inmoral de la “Realeza”, hombres y mujeres de carne y hueso, igual que yo, que usted o que cualquiera que pisa y respira en este planeta, por cuyas venas corre sangre roja del mismo tipo vulgar que se almacena en los bancos, es cuando menos, repulsivo. Por si fuera poco – ahora los Palacios abren sus puertas para que los simples mortales puedan ser testigos directos del acontecimiento, del despliegue de un ejército humano al servicio del absurdo, de la exhibición de riquezas acumuladas, vajillas inútiles, distancias absurdas y toda la parafernalia que rodea al circo Real y los eventos que organiza, testigos que sólo están autorizados a mirar por el ojo de la cerradura para constatar cómo viven “los elegidos” con el esfuerzo de los que nunca los eligieron.
Muchas veces me sorprendo pensando en que el Premio Nobel de la Paz, esto es el mérito de alguien o algunos en trabajar por la paz y la reconciliación entre los pueblos, debería ser entregado anualmente a toda la masa anónima del planeta que no se rebela a punta de fusil cada vez que la ofenden y la insultan con abusos y atropellos a su dignidad como éste, y vaya que los ofenden, Reyes, Reinas, Príncipes y Princesas y todos los civiles sin título nobiliario que aplauden el circo y se benefician del espectáculo.

¿Será que – a excepción de la Realeza – el ser humano puede alimentarse con el olor de la comida y el hambre no es más que pura ambición enmascarada?

“Una impresionante mesa de 53 metros y forma de herradura preside el Salón de Baile de Buckingham, escenario donde la monarca ejerce de anfitriona de una cena durante la primera noche de las visitas de Estado. Adornada con una espectacular selección de plata dorada procedente de la gran vajilla real -que se utilizó por primera vez para festejar el cumpleaños de Jorge III-, su lujoso despliegue de juegos de mesa esconde una coreografía calculada al milímetro.
El personal de palacio limpia y pule el millar de copas del más fino cristal, la vajilla de porcelana de Sèvres y la cubertería de plata hasta completar unas 5.000 piezas, incluida una colección de candelabros cuya altura variable indica el estatus del comensal. En clara disputa con las superproducciones cinematográficas, los banquetes de Estado requieren unos preparativos de hasta seis meses, aunque la puesta en escena -esto es, poner la mesa- se ejecuta en dos días. Hay que calcular que el servicio de cada invitado (160 piezas, en total) mida exactamente 43,8 centímetros y que su silla se halle a 68,58 centímetros de la mesa. A la reina le gusta supervisar personalmente el resultado, desde los 23 adornos florales hasta las seis copas por comensal (para el vino blanco, el tinto, el agua, el oporto, la quinta para brindar y la última para acompañar el postre). Y en medios palaciegos aseguran que no se le pasa ni una.
La hora de la verdad, la propia cena, se desarrolla bajo la batuta del mayordomo real que, comunicado telefónicamente con la cocina, lidera un ejército de 100 lacayos y sirvientes, cuyos pasos sincroniza gracias a un sistema de luces: azul, para permanecer inmóvil; ámbar, para servir la comida, que hoy en día consiste en cuatro platos, lejos de los excesos del pasado. Los responsables de la exposición han replicado en Buckingham hasta el más mínimo detalle y sostienen que, de faltarle algo, sólo sería el olor de la comida.”
El País - PATRICIA TUBELLA - Londres - 27/07/2008

domingo 27 de julio de 2008

Diario epistolar (II) - La verdad que nos ofende

Frida Kahlo - Autorretrato


Digamos la verdad, siempre discrepamos y entre tú y yo sabemos quien destaca. Tú presumís de autosuficiente y yo me paralizo frente a la duda, tú te jactás de ser omnipotente y yo me empeño inútilmente en mostrar la paradoja, mientras sonreís cuando te dicen que sos fuerte, yo me escondo avergonzada porque duele la máscara, para no dejarte en evidencia.

Tú esperabas obsecuente en silencio que los muertos fueran enterrados, yo sin embargo escuchaba los llantos desgarrados por la ausencia y gritaba buscando que alguien me alzara en los sueños.
Tú aprendiste a conjugar los verbos y a dibujar los días, mientras yo insistía en ignorar su nombre para escribir el mío.
Tú esgrimías argumentos imbatibles para defender causas perdidas mientras yo reclamaba mi derecho a preguntar para encontrar respuestas.
Sí, es cierto, tuvimos una tregua, porque tú aprendiste a dudar y yo a tener confianza, pero los golpes nos volvieron a enfrentar. Y otra vez a inventarse, yo tanteando a oscuras buscando un cuerpo para cobijarme, desnudándome para no ser invisible, regando sin convicción las flores del jardín de nuestra casa que quedaron mustias con las primeras heladas del invierno, pero tú, siempre inoportuna te plantabas firme y altanera, incapaz de derramar una lágrima o de aceptar la derrota, te imponías tareas, ordenabas el día y tendías la cama vacía. Si alguien sospechaba, corrías a exhibir tu fortaleza, ocultabas los escombros y dejabas a la vista los cimientos que anunciaban la resurrección; pero siempre fui yo quien levantó los muros para protegernos.
Lo sé, la lástima es el recurso de los débiles, y nosotros somos fuertes porque así nos ven en los espejos biselados. Sin embargo te recuerdo nuestras cicatrices que yo oculto sutilmente con disfraces de ocasión, o las noches como ésta – después de cumplir con el oficio y los deberes – de rincones solitarios y amargas despedidas, en que una vez más, solas tú y yo frente a frente, nos despreciamos con fruición y nos refugiamos – cada una a su manera – en las nostalgias de algún tramo del pasado en el que tu fuerza y mi debilidad podían confundirse, para poder reconciliarnos.

En noches como ésta, hastiada del esfuerzo, porque he sido siempre yo - una marioneta que exhibe la ironía y el sarcasmo de virtudes soberanas - quien invariablemente ha pagado el precio de ser tu sombra, quiero ser - aunque me cueste y lo desdeñes – un amanuense rebelde que escribe la verdad que nos ofende y dejar constancia - con la impunidad de sabernos inseparables - que te odio con esmero y con pasión, que aunque me avergüenzo por lo innoble, minuciosamente espero el momento oportuno para derrotarte antes de que sea tarde, porque yo también sé que siempre fuiste fuerte y que esa es la razón por la que jamás nos han querido de verdad.

viernes 25 de julio de 2008

Sólo para adultos

Chagall


Pocas palabras son tan mágicas como la palabra Amor, mágicas porque me recuerdan a las bolsas que usaban los magos en los cumpleaños cuando yo era pequeña, bolsas sin fondo de las que siempre era posible sacar algo más, bolsas en las que no importaba cuánto se guardara, todo podía entrar.
Nadie escapa a su embrujo o a la tentación de definirla, explicarla, o acotarla, poetas, narradores, cantantes, dibujantes, pintores, escultores, periodistas y ensayistas, hombres y mujeres de a pie, todos por igual, alguna vez le han dado sentido y contenido. No es preciso buscar mucho para encontrar alguna de las infinitas definiciones de su significado – y a diferencia de otras palabras que son lo que pretenden y no otra cosa - todas diferentes pero sin embargo, legítimas, auténticas, creíbles y sentidas.

Si alguien – ingenuo – nos preguntara ¿qué es el amor? podríamos – sin mentir - responderle con una cualquiera de todas las posibles, o simplemente decirle, que cuando lo sienta ya no tendrá necesidad de preguntar.

Así y todo, seguimos escribiendo el amor, tal vez para exorcizarlo, tal vez para encontrarlo, tal vez para sentirnos – aunque no sea cierto – un poco menos solitarios. Quizás también por eso, seguimos leyendo el amor, buscamos desesperadamente aquella definición que se ajuste al momento preciso de nuestro deseo, de nuestra pasión, de nuestra alegría o de nuestro dolor.

Todo este preámbulo, porque quiero dejar claro y sin ningún lugar a dudas, que al igual que para todos, la palabra amor para mí, encubre un universo infinito de posibilidades, tan infinito como la individualidad o la identidad de cada sentimiento humano.

Otra cosa muy diferente al amor – que no es más que un sentir - pero que el pecado de la juventud se empecina en asimilar o emparentar, es la forma en la que hombres y mujeres se disponen a vivirlo.
Nos complace creer que el amor es eterno, y por serlo debería resistir los embates de la vida, la pareja, la convivencia, el matrimonio con o sin papeles, el intercambio de roles y deberes, el ego, la soberbia, la soledad, la intransferible individualidad, la cotidianidad, el hastío, las obligaciones naturales y los deberes incumplidos, las contradicciones, la vastedad del deseo y las renuncias insoslayables, la imposibilidad de ser uno y todos al mismo tiempo para satisfacer o nutrir al otro que es uno y solamente uno.

No sé – porque ya pequé y nunca fui absuelta – cuál será la forma de lo eterno, cuales los secretos del éxito y dónde enfrentarse a la derrota, no sé si es que acaso habrá que resignarse a los vaivenes de la gloria y del desencuentro, si es que como dice Durrell: “(…) el deseo de estar junto al objeto amado responde al anhelo de que dos experiencias se comparen mutuamente, como imágenes en espejos diferentes. Todo ello puede preceder a la primera mirada, al primer beso o contacto; precede a la ambición, al orgullo y a la envidia; precede a las primeras declaraciones que marcan el instante de la crisis, porque a partir de allí el amor degenera en costumbre, posesión, y regresa a la soledad.”

No lo sé, aunque sigo empeñada en comprenderlo.

miércoles 23 de julio de 2008

Diario epistolar (I)

Picasso

Ya lo ves, vuelvo sobre mis pasos para escribirte, para inventar un tiempo y un espacio en el que estarnos y creer. Estás muerto, lo sé, y nada ha cambiado desde entonces, acaso la sospecha por momentos de encontrarte entre las gentes, acaso tu irónica sonrisa que se dibuja en otros rostros, o simplemente que yo conmigo es demasiado si no estás tú y tengo que buscarte. Sí amigo mío, tú en tu soledad, testigo de mis días y enterrado junto a ellos y yo en la mía, malgastando tu tiempo que alguna vez fue el nuestro.
Hoy, mi corazón está cercado por esos matorrales que crecen durante todas las ausencias, que se asoman rebeldes burlando el frío y el desamparo, fuertes y mudos pertrechados en sus ruinas y que tú – deudor insolvente – no has podido cortar de raíz porque la muerte siempre es definitiva.
Por eso te escribo – aunque nada sustancial haya cambiado – porque en esta tarea encuentro la paz, no para huir de la realidad, sino para recrearla, porque siento que al unir los tramos de nuestra vida que fueron truncados, tal vez pueda volver a armar las piezas de tu imagen acongojada y perdonarte. Sí, perdonarte, porque para vivir hacía falta coraje y para morirse tan sólo la inercia de dejarse llevar a ninguna parte.

martes 22 de julio de 2008

Qué importa que no sean Nazis si son unos asesinos




Poco después de ser liberado por el ejército Ruso del campo de concentración Nazi en el que permaneció por casi dos años, Primo Levi escribió “Si esto es un hombre”
Allí relata entre otras experiencias, la noche en que es deportado a Auschwitz.

“El amanecer nos atacó a traición; como si el sol naciente se aliase con los hombres en el deseo de destruirnos. Los distintos sentimientos que nos agitaban, la aceptación consciente, de rebelión sin frenos, de abandono religioso, de miedo, de desesperación, desembocaban, después de la noche de insomnio, en una incontrolable locura colectiva. El tiempo de meditar, el tiempo de asumir las cosas se había terminado, y cualquier intento de razonar se disolvía en un tumulto sin vínculos del cual, dolorosos como tajos de una espada emergían en relámpagos, tan cercanos todavía en el tiempo y el espacio, los buenos recuerdos de nuestras casas.
Muchas cosas dijimos e hicimos entonces de las cuales es mejor que no quede recuerdo.
Con la absurda exactitud a que más adelante tendríamos que acostumbrarnos, los alemanes, tocaron diana. (…) Allí nos esperaba el tren y la escolta para el viaje. Allí recibimos los primeros golpes: y la cosa fue tan inesperada e insensata que no sentimos ningún dolor, ni en el cuerpo ni en el alma. Sólo un estupor profundo: ¿cómo es posible golpear sin cólera a un hombre? "


Al ver imágenes como ésta, no puedo dejar de pensar en la pregunta de Primo Levi, ¿CÓMO ES POSIBLE? , y pienso que el crimen de hoy es de alguna forma peor que la barbarie de ayer, pues no hay forma humana de justificar la impunidad con la que se denuncia por un lado lo que se ejecuta por otro. Como escribió hace tiempo Santiago Alba Rico, ¡Qué importa que no sean Nazis, si son unos asesinos!

lunes 21 de julio de 2008

Pecado original

Durero


No conforme con expulsarlos del Paraíso, Dios condenó a Adán y Eva al dolor, la vergüenza y el trabajo "Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás" (Génesis 3:19) o "parirás a tus hijos con dolor" (Génesis 3:16).

Hasta aquí, el Génesis. Lo que no fue dicho – tal vez porque es una consecuencia, o simplemente porque Dios no tuvo en cuenta que una vez condenados, el hombre y la mujer seguirían pecando - es que también fuimos condenados a la casi imposible reconciliación entre los géneros, al eterno desencuentro.

El sexo, el coito, el amor, allí donde todo se sublima sin máscaras ni disfraces, en el instante preciso en que debe producirse el encuentro y la reconciliación, se concreta la separación definitiva que conduce nuevamente a la soledad, al punto de partida original.

El orgasmo es una resurrección para la mujer y una muerte para el hombre. Es en el sexo, en su práctica, donde se manifiesta más brutal y despiadada la diferencia de nuestras naturalezas. Y cuanto mayor es nuestro empeño en llegar juntos a la meta, mayor es nuestra frustración, no hay a dónde ir sino acaso un trascurrir. Fuimos expulsados del Paraíso y condenados a inventarnos uno nuevo, tal vez por eso – si no podemos modificar lo que nos viene dado – debamos buscar la forma de reconciliarnos aceptando nuestras diferencias.

domingo 20 de julio de 2008

Verdad o consecuencia


Una noche fría, un bar de mala muerte, una cerveza negra para ocultarse cuando sean necesarias las excusas y una brújula improvisada que señala el momento preciso de enfrentarse a la verdad o a las consecuencias.
Y creyendo elegir la verdad, sufrimos las consecuencias. Nadie pregunta lo que quiere saber por temor a las respuestas, sin embargo todos respondemos en silencio. El silencio es el legítimo refugio del alma en retirada y el afecto es la llave del cofre que debemos custodiar. Después, siempre habrá un después, el transcurso del tiempo habrá de señalar la sutil diferencia entre el nunca y el ayer, entre el tal vez y el porvenir.

sábado 19 de julio de 2008

Quiero


Quiero que me mientas y me digas que amanece, que la luna está llena y va a seguir estando, que afuera la lluvia cae y no moja, que las flores nunca se marchitan, que la esperanza es cierta y que la fe es posible, que los adioses preludian las bienvenidas, que el frío es pasajero y la ternura permanente, que el deseo se renueva cada vez que se consuma, que la pasión arde sin quemar, que el dolor es una ficción y la soledad una entelequia.

Quiero que me mientas y me digas que me amás, todo lo demás - aunque siga haciendo falta – puede esperar.

lunes 14 de julio de 2008

Momentos

Nancy Spero

No sé cómo llegue hasta aquí, pero lo cierto es que estoy en este rancho piojoso - una obra concebida para desafiar la ley de la gravedad - en el que la luz es lo que debe ser, algo que trae el día y la noche encubre, a innumerables médanos de distancia de cualquier otro indicio humano que no sea el de mi sombra, sola frente al mar como ningún perro se atrevería a estar y esperando – aterrada – que la furia con que el cielo amenaza termine por desparramarse y acabe con el mundo.
Finalmente sucede, la tormenta se ensaña con la vida, el viento hace volar los sueños, el mar golpea en los muros, en las puertas, en las ventanas, y las olas se acuestan en la cama.

Sin embargo sigo acá, sentada frente al mar y el mundo no se ha terminado. Tal vez no sea un absoluto - porque siempre falta alguien - pero si esto no es la felicidad, se parece mucho a lo que siempre estoy buscando.

domingo 13 de julio de 2008

Es tarde ahora

Comienza a pasar lo que tanto temía, otra vez esta angustia antigua y familiar que me acosa y no me deja llorar. Es cuando más duele.

Tantas veces lo escuché dolerse perdido entre sus deseos y sus urgencias atendiendo sus reclamos inoportunos e indolentes, consintiendo su inagotable vanidad y su asombrosa cobardía, tantas veces le tendí una mano al fin, para que al caer no tropezara.
Usted sin embargo – y es tarde ahora - jamás preguntó ¿qué puedo hacer yo por ti ahora?

Descuide - seguiré como siempre - huyendo de mí misma para no faltarle a los demás.



En el umbral de la puerta
los pasos perdidos
acechan
presiento la muerte
no puedo evitarlo.

viernes 11 de julio de 2008

¿Atanato qué?

Del sentimiento trágico de la vida, estamos – conscientes o no – todos contaminados. Podemos - unos más otros menos - pensarlo todo, pero lo que no podemos es pensarnos muertos. No podemos pensarnos sin pensamiento, así, la nada se abre como un inmenso abismo de angustia infinita, así nos obligamos a desviar el sentimiento a otros derroteros, evitando sucumbir ante la impotencia que nos produce la finitud de la vida.
Dice Unamuno - “(…) como que la vida es tragedia, y la tragedia es perpetua lucha, sin victoria ni esperanza de ella; es contradicción.”

¿Queremos – todos y cada uno – ser inmortales? ¿La inmortalidad es la respuesta y la solución a todos los problemas de la humanidad? ¿Es posible que el Hombre sea inmortal?
Desconozco las respuestas a estas preguntas y buscarlas no ha sido hasta aquí y no lo es por el momento, una prioridad.

Sin embargo - para otros – esta es la aventura a la que le han dedicado el sentido de sus vidas. “la Atanatosofía, al inagotable e incontenible anhelo y búsqueda de Inmortalidad. No puedo imaginar una aventura más adecuada para ninguno de los hombres que soy o que seré, ni para ningún otro hombre que sea enteramente hombre…”

De ésta aventura, nació un blog, “(…) destinado a hacer historia. Siga post a post todas las elucubraciones de Federico Liste y Walter Doti en torno a la posibilidad de la consecución de la inmortalidad física personal” “(…) un proyecto colectivo en el que se busca que la construcción de esta apologética de la inmortalidad se construya con la colaboración de todos., hasta que se vaya delineando una rama definitiva de la filosofía”


Hasta ahora, yo nunca he imaginado mejor aventura que la de vivir y no sé si el desafío de buscar la forma de hacerlo eternamente sea una aventura diferente. Pero de lo que no tengo dudas, tal vez porque los conozco, es que merece el tiempo y el esfuerzo personal de – con los ojos bien abiertos y el alma bien dispuesta – leerlos y si nos dejan, explorar a su lado.

jueves 10 de julio de 2008

Perdonarse la vida

Gustav Klimt


Se pregunta, vaga sigilosa bordeando el horizonte de sus deseos, anhela una respuesta - la inventa por momentos – de preguntas que aún no ha formulado, se distrae con mentiras cotidianas, se urge y se acosa presionando – es ahora y no entonces o después – se exaspera ante la nada, el silencio que aturde ocultando la ausencia, la esperanza incierta que devora el porvenir.

Se pregunta y desespera en soledad, sabiendo - porque la duda es pasajera y la certeza es como un ancla - que ni la vida con sus gestos, ni los hombres con sus mitos, podrán ayudarla a salvarse o sucumbir. Se duele - pero no exhibe – acaso tan sólo muestra para ahuyentar y replegarse.

Se pregunta y espera que el eco llegue a destino. Se responde que un imposible – perdonarse la vida – porque vino a usurparle el olvido a la muerte.

miércoles 9 de julio de 2008

Dios existe


Más y mejor sexo entre los mayores de 70
Un estudio de científicos suecos concluye que los septuagenarios mantienen ahora relaciones más satisfactorias y con más frecuencia que hace 30 años
REUTERS - Chicago - 09/07/2008

Sí, Dios existe, y quien como yo aún no haya alcanzado la fe y duda, puede esperar sonriente y agradecido - si la suerte y la salud lo acompaña – a cumplir los 70 años y comprobar que el deseo y la pasión, no envejecen.


¿O será que tal vez el secreto de la inmortalidad esté allí, al alcance de la mano y sólo invisible a nuestra sempiterna ceguera, gozar de la vida como si fuera a terminarse?

martes 8 de julio de 2008

No siempre

Gustav Klimt


Hay días – no son todos – que no quiero estar conmigo, sólo quiero abrir la puerta, dejarme huir y perderme por un rato.
Hoy es uno de esos días que al mirarme en el espejo no me encuentro, sólo veo la sombra que se burla de mis pérdidas. Leo y cuando leo, las palabras se repiten como un eco. Escucho, y al escuchar sólo oigo reclamos impostergables, sentencias definitivas que amenazan con la muerte o el silencio. Busco una mano - pidiendo una caricia – y no la encuentro. Entonces renuncio y me abstengo.
Tan sólo recuerdo – aunque nunca lo olvido – porqué nunca pido, duele la soledad, pero ardo en el infierno cuando quiero sobornarla.

lunes 7 de julio de 2008

Afuera está la vida

Picasso


Este vasto universo está poblado de seres que - como fantasmas - van y vienen a la medida de nuestros deseos; les franqueamos la entrada cuando queremos y los expulsamos sin dar explicaciones. Son las reglas del juego.

Afuera, sin embargo, está la vida, el pan nuestro de cada día, los charcos al cruzar la calle, las risas espontáneas y los llantos desgarrados, los ruidos absurdos que ocultan los sonidos del silencio, los disfraces para el baile de estaciones, el hambre y las ganas de comer, el deseo y los cuerpos satisfechos, el amor y la promesa de encontrarlo, la locura que delata una mirada y la muerte agazapada en las esquinas.

Al cambiar las reglas del juego, el vasto universo se transforma en el afuera, nuevamente la vida y su revés, las manos tímidas al palpar, el pudor de las confesiones, el temor al desnudarnos, el espejo que nos devuelve la mirada implacable de nuestro mustio porvenir.
Cambiar las reglas del juego es un viaje peligroso, un pasaje de ida sin retorno, el riesgo de mostrarnos porque ya no es posible ocultarnos.
Afuera, la vida nos regala una sonrisa o nos clava un puñal. Afuera, viviendo, repartimos sonrisas o vamos repartiendo adioses – crueles como un día de primavera - porque nada sabemos de los muros de tantas soledades.



TELARAÑAS CUELGAN DE LA RAZON.

Telarañas cuelgan de la razón
en un paisaje de ceniza absorta;
ha pasado el huracán de amor,
ya ningún pájaro queda.

Tampoco ninguna hoja,
todas van lejos, como gotas de agua
de un mar cuando se seca,
cuando no hay ya lágrimas bastantes,
porque alguien, cruel como un día de sol en primavera,
con su sola presencia ha dividido en dos un cuerpo.

Ahora hace falta recoger los trozos de prudencia,
aunque siempre nos falte alguno;
recoger la vida vacía
y caminar esperando que lentamente se llene,
si es posible, otra vez, como antes,
de sueños desconocidos y deseos invisibles.

Tú nada sabes de ello,
tú estás allá, cruel como el día;
el día, esa luz que abraza estrechamente un triste muro,
un muro, ¿no comprendes?,
un muro frente al cuál estoy sólo.


Luis Cernuda

domingo 6 de julio de 2008

Contrastes

Tierra Bomba, Cartagena, Colombia.



Paris

¡Cuánta violencia engendra la pobreza!

Algo huele mal


Hay noticias que aún para aquellos que dicen mantenerse al margen de la política – como si acaso fuera posible – no pasan inadvertidas. La reciente liberación de Ingrid Betancourt es una de ellas.
No hay que ser muy perspicaz, ni muy inteligente, ni muy desconfiado, ni siquiera haber leído toda la información disponible para aventurar que “algo hule mal” en todo esto.

Aunque no comulgo con sus ideas políticas, ni con lo que ella representa – sentí - hasta el momento de su liberación, indignación por su secuestro y compasión por su situación, la misma que por todos aquellos que son secuestrados y torturados, no sólo por las FARC, sino por cualquier organización revolucionaria o gobierno que ejerce su poder en forma arbitraria y sin las garantías del debido proceso.

Y digo hasta el momento de su liberación, porque una vez en libertad, esta mujer, que hasta hace pocos meses agonizaba, que pasó secuestrada en la selva casi siete años en las peores condiciones de vida, que estuvo encadenada durante tres años, que fue torturada y vejada en su dignidad innumerables veces, y tantas otras cosas que es posible imaginar con todo lo que nos han contado de las Farc y su maquiavélico accionar, se ha mostrado antes las cámaras del mundo pocos minutos después de su larga agonía, en condiciones de dar un discurso político, con traducción simultánea al francés, apoyando al gobierno de Uribe, a las Fuerzas Armadas Colombianas, sugiriendo los beneficios de la reelección presidencial, ofreciendo detalles de un operativo “cinematográfico” que hizo posible su libertad, alabando los “operativos de inteligencia” del ejército Israelí, respaldando las gestiones del Gobierno Francés, y pidiéndole al mundo que además de confiar en Dios y en la Virgen, confié en la “Democracia” de Colombia. Sic.
Yo me pregunto cómo es posible que alguien, cualquiera, hombre, mujer o animal, después de haber permanecido aislado por más de seis años, no precise aire para respirar y tiempo para reflexionar - en libertad y serenamente - sobre su situación, sobre la realidad política y social de su país y del mundo, sobre los posibles operativos o negociaciones que se llevaron a cabo para liberarla, antes de arengar a las masas sin pestañear y tomar partido por el mismo gobierno que hasta pocos días antes era cuestionado por quienes recamaban su libertad.
Algo huele mal, pensar lo contrario, es caer nuevamente en la trampa finamente orquestada por el poder político y los medios de comunicación a su servicio para distraer al mundo de lo que realmente debería ser noticia: la penosa realidad en la que vive la gran mayoría del pueblo colombiano.

sábado 5 de julio de 2008

Coincidir


Encontrarnos es posible; si el instinto no nos traiciona, si la geografía tiende puentes más largos que la esperanza, si se suceden – una tras otra - las circunstancias precisas que la cadencia del tiempo determina - tu y yo - nos enfrentaremos cara a cara, al mismo abismo.

Es posible encontrarnos, pero será más difícil coincidir, porque lo que discurre en nuestro interior, es un misterio agazapado esperando intervenir, y es probable que cuando estemos frente a frente y uno de nosotros - derrotado - reclame perentorio un abrazo, el otro - victorioso - busque libertad, que cuando alguno de los dos - distraído - cante amor, el otro – malherido - escuche desengaño.


Minuciosamente espera, cuenta los segundos al ritmo de un corazón agitado, juega ocultándose para distraer el paso de las horas, duerme persiguiendo el sueño que se escurre con el tiempo; pero sabe que sólo puede resignarse y escribir. Acaso algún día, hurgando entre los escombros de sus pasados, coincidan sorprendidos, leyendo un fragmento de la misma confesión.

jueves 3 de julio de 2008

Amores



Tiene miedo – pero duda – no retrocede ni se detiene, avanza confundida y obstinada. Acaso se sorprende – o tal vez sospecha – porque el alma en cautiverio tiene grietas y memoria; reniega del invierno en su morada, anhela un penúltimo abrazo, se aferra a lo inasible porque no puede– aún – condenarse al destierro.

Tiene miedo – está aturdida – las voces del pasado entonan la nostalgia en una escala que disgrega, las mareas de antiguos naufragios depositan sin piedad, los vestigios herrumbrados de dolores que no pueden enterrarse.

Tiene miedo - del encuentro – y aunque busca y se pregunta, nadie quiere responder, arriesgar o confesar, acaso balbucear verdades entre rejas, secretos inoportunos y transgresores que se ocultan con murmullos.

Tiene miedo – sí – pero sus manos audaces de mimo rebelde, que desprecian el temor de palpar a ciegas, se liberan y uniendo palabras de forma inexplicable, comienzan a escribir la historia, sabiendo que hay amores que se resisten a morir y que hay muertes que claudican por amor.

martes 1 de julio de 2008

Poeta


Taciturno y malherido se resigna; hace bien, aunque le duela. Los versos ensayados en su juventud abren la función y el clamor del teatro lo atestigua. Los actores - marionetas del destino - recitan la vida y la muerte, el amor y la ausencia, con solemne pleitesía, no saben, no han vivido, pero la máscara de la ficción los protege.

El silencio imperturbable es un misterio, acaso el miedo - mudo compañero – de no saberse condenados, la esperanza incierta de ignorarlo todo y para siempre, el innoble deseo de abandonarlo a su soledad, cuando al bajar el telón, sus poemas se diluyan tras bambalinas.
Él comprende y se oculta, sabe que ya es tarde para renunciar pero disimula, se acomoda en la butaca y aplaude sin pasión, quiere jugar en el teatro de la vida aunque pierda. Y perderá - el juego, mas no la vida - porque los versos que ya no escribe con palabras lo delatan, son sus ojos que dibujan la silueta del poema y su mirada que lo recita de memoria.