miércoles 30 de abril de 2008

Vendrá

Ernesto Vila

Y la vejez, aunque mi pulso se resista, juega su partida como un hábil peón en un tablero de ajedrez. La sentencia insobornable, ciega, sorda y muda al lamento de los hombres.
Tal vez allí, el deseo cumplido. Seremos al fin lo que nunca fuimos, la misma tierra que espera, los mismos hombres que aguardan, el mismo fin.

martes 29 de abril de 2008

El disco duro de la memoria

Goya

¿Tan pronto olvidamos? ¿Tan poco aprendemos y tan fácil desdeñamos? La experiencia es intransferible, pero el aprendizaje es colectivo, el ejercicio de la libertad es individual, pero las prisiones que construimos son inexpugnables, la sangre derramada en las batallas tiene nombre, pero las guerras no tienen fronteras, por cada muerto una lágrima, sin embargo, enterramos cadáveres como granos de trigo para cosechar, despreciamos la muerte porque la vida ya no vale nada, buscando la verdad perdimos la fe, para afirmarnos nos descuartizamos, y no entendimos que salvarnos es una entelequia.

lunes 28 de abril de 2008

El debate por la identidad



Pasamos muchos días de rodaje juntos, filmando un documental sobre la identidad y la memoria, y cuando se vive con intensidad una experiencia como esa, los debates son frecuentes. La protagonista de nuestra historia era una de las tantas víctimas de un pasado de infamias, perversiones, despotismo y masacre. Una víctima inocente si las hay, pues su destino, sellado con sangre a sus 2 años recién cumplidos, habría de condenarla a un futuro de mentiras y a una identidad fracturada. A Mariana la secuestró el asesino de su madre, y la convirtió en su hija, objeto de su “amor” y “devoción”. Su abuela Esther la buscó sin darse tregua, durante 20 años. Cuando finalmente se encontraron, y a pesar de las evidencias, Mariana no pudo sentir empatía ni por aquella mujer que la había traído al mundo, susurrándole durante los 9 meses de su gestación palabras de amor, ni por su abuela, una anciana cansada de dar tantas batallas contra la muerte y el olvido y optó por refugiarse en los brazos ambiguamente poderosos del hombre que le negó su legítimo pasado pero que le eran familiares. Pasamos muchas horas entre imágenes dolorosas, crudos testimonios y entrevistas esclarecedoras, debatiendo a propósito de ella y su incondicional apoyo al asesino de su madre. Puede ser tentador juzgarla por sus actos, tal vez incomprensibles para quien no tiene dudas del vínculo indisociable entre su identidad y el patrimonio heredado de afectos, creencias y costumbres. Hace pocos días, tuvo lugar en Argentina un juicio producto de una demanda interpuesta por otra víctima como Mariana contra sus apropiadores. María Eugenia, dice que las personas que la criaron no pueden saber qué es “el amor filial” pues según sus palabras “el vínculo con este tipo de personas queda determinado por la crueldad y la perversión”.
¿Es legítimo juzgarlas por sus diferentes formas de enfrentarse al conflicto? ¿Hacerlo, no es volver a disparar el arma que las hirió una vez y para siempre? El delito, la infamia, la terrible perversión fue la apropiación de los hijos de las víctimas, consumado en el pasado, y aunque condenable en el presente, inmodificable. Luego cada una hará lo que puede con lo que es, un ser humano concebido en el amor, con una información genética incuestionable, un pasado de mentiras y un presente de luces y sombras intransferible y solitario para construirse una nueva identidad.
Esther, tal vez desafiando al destino, ya no busca pero espera...


De Luis Cernuda

Ellos, los vencedores
Caínes sempiternos,
de todo me arrancaron.
Me dejan el destierro.
(…)
Amargos son los días
de la vida, viviendo
sólo una larga espera
a fuerza de recuerdos.
(…)
Un día, tú ya libre
de la mentira de ellos,
me buscarás. Entonces
¿Qué ha de decir un muerto?

domingo 27 de abril de 2008

Cuestionario improvidado

¿Una sentencia irrefutable?
¿Un deseo?
¿Un misterio?
¿Una virtud?
¿Un pecado?
¿Un secreto?
¿Una infamia?
¿Un dolor ingobernable?
¿El nombre del amor?

Si alguien se anima, la sinceridad es esquiva y la originalidad una entelequia.

sábado 26 de abril de 2008

Las horas


¿Qué hacés despierta a esta hora 3:33 am? , me preguntó anoche.

Me gusta la noche, adoro el silencio de mi casa, el tenue murmullo de las voces a los lejos, la paz que me regalan las horas por delante, la intimidad de una soledad inviolable, la sorpresa de ser interrogada sin exigencias y ser compelida sólo por mis urgencias. Me sobresalto con los gestos que se ocultan en los retratos que cuelgan de las paredes, escucho las palabras obstinadas de los libros que buscan mi mano para revelarse, me conmueven las almas que vagan solitarias buscando eso que no puede ser nombrado en el universo virtual y que sin embargo tiene nombre, mundos infinitos, paralelos, ella, él y yo, nosotros los que estamos, buscamos y encontramos.
Y me gusta el día, la luz que se asoma por la ventana de mi cuarto, los primeros rayos tibios de un sol que será el abrigo, descubrir la vida incesante y caprichosa en los verdes de los árboles, uno que jamás será igual a otro y en perpetua armonía, salir a buscar el aire que respira el mar bajo la calma, caminar por senderos antes ignorados, develar los objetos ocultos en la niebla, un juego de sombras chinas, que luego se transforman en hombres y mujeres que hablan, gritan y vociferan para ser escuchados entre los ruidos absurdos de una ciudad que detesta el silencio, la muchedumbre que se embriaga del fastidio del consumo para olvidar que la noche, regresará implacable a restituir el orden en el sueño intransigente de la soledad.
Y me gusta soñar en la vigilia, alimentar la realidad, revivir los fantasmas soterrados que escriben palabras a veces misteriosas y sin destino, enfrentar los miedos ocultos, reconstruir el mundo a imagen y semejanza de mis deseos, acotar el dolor en las pesadillas que no duran para siempre, y encontrar el amor eterno en la eternidad de un sueño insobornable.

Pero luego, el castigo divino, un día con su noche que dura el transcurso de las agujas de un reloj, la perversa obligación de destinar una tercera parte de nuestras vidas a dormir para reinventarnos el deseo, el placer, el dolor y la fuerza para ser y transcurrir.

jueves 24 de abril de 2008

25 de Agosto


Sola, entre las cuatro paredes de mi cuarto, un río de lágrimas que fluye buscando el mar, y la memoria intransigente que no ofrece ninguna tregua para retroceder al cálido abrigo de un sol de mediodía que ya no volverá.
Hora de la muerte: 5.00 a.m. de una noche de nostalgias. La sentencia incuestionable, el corazón un museo de ternuras, las arterias obstruidas por la sangre estancada y el frío más frío, una temperatura imposible para los termómetros humanos. La evidencia se yergue allí, ni gestos, ni muecas, apenas un sudor obstinado, y la respuesta imposible de una pregunta que no me atrevo a formular. Luego las costumbres, el cuerpo compelido a moverse y circular, descifrar las miradas, buscar la ternura, doblegarse al consuelo y palpar el vacío, la nada que ocupa su lugar.
Sola nuevamente, entre las cuatro paredes de mi cuarto, una urgencia, un dolor irreparable, el terror que acecha por la duda, la sentencia incuestionable que no sabe a ciencia cierta si él, ya no sus gestos, el último estertor, o los vestigios de su imagen altanera, sino él, su dolor, su ternura ingobernable, las caricias oportunas, la firmeza de su mano, el amor insobornable, sentirá la soledad y el abandono, pues yo, como todos, renuncié a esperar y acompañarlo, allí, en su última morada. Debo regresar, lo sé, pero el terror es una inyección letal, la parálisis del cuerpo, la duda que carcome, y al volver me encontraré con la muerte retratada en su mirada, por la sorpresa de esperarme y no encontrarme.
No he podido regresar, el cementerio es una trampa de hormigón, le temo a las pruebas de mi infamia, la sorpresa en su mirada, y cuando ya no pueda evitarlo, nos miraremos de frente, yo no podré perdonarme y él será incapaz de reprochármelo.

miércoles 23 de abril de 2008

Solitarios

Tabaré

En pleno siglo XXI, el siglo de las comunicaciones, disponiendo de herramientas antes impensables que permiten comunicarse con cualquiera en cualquier parte del mundo y en tiempo real, seguimos padeciendo la soledad como si fuera una enfermedad incurable que sólo puede ser tratada con analgésicos para que duela menos y nos dé tiempo a resignarnos antes que nos mate por sorpresa.
Y no me refiero a la soledad metafísica, a la distancia imposible entre dos individuos, a la unicidad de nuestros dolores y a la búsqueda de dios. Tampoco a la necesidad de conocerse en soledad para conocer al otro en compañía, al silencio imprescindible, al ejercicio de construirse para formar parte del espiral de la vida.
Hablo de las noches imposibles, de la imperiosa necesidad de amar y ser amado, del deseo de encontrar y conocer, de la paz de una caricia del sosiego de un abrazo, de acabar y acabarse, de la calma después de la tormenta, de la ternura en la mirada, de ofrecerse y recibir, de las copas de vino y las huellas en la cama.
No sé si será el pudor, el miedo a lo desconocido, la paz que da el silencio, o la ambición de contrariar la distancia imposible, pero al amparo de los muros de mi casa, testigos inviolables de nuestras miserias cotidianas, estoy a salvo, igual que tu, del peligro de acercarme al abismo, y así resignados, tu y yo, la muerte vendrá a buscarnos por sorpresa cuando ya sea tarde para arrepentirnos.

De Ulises

Yo podría tenerte con mi cuerpo y con mi alma. Esperaré aunque sea años a que tú también tengas cuerpo-alma para amar [...] Mira a todos a tu alrededor y ve lo que hemos hecho de nosotros y de eso considerado como victoria nuestra de cada día. No hemos amado por encima de todas las cosas. No hemos aceptado lo que no se entiende porque no queremos pasar por tontos [...] No tenemos ninguna alegría que no haya sido catalogada [...] Hemos tratado de salvarnos, pero sin usar la palabra salvación para no avergonzarnos de ser inocentes [...] Hemos disfrazado con el pequeño miedo al gran miedo mayor y por eso nunca hablamos de lo que realmente importa [...] Hemos sonreído en público de lo que no sonreiríamos cuando nos quedásemos solos [...] Nos hemos temido el uno al otro, por encima de todo [...] Pero yo escapé de eso, escapé con la ferocidad con que se escapa de la peste, y esperaré hasta que tú estés más preparada.
Clarice Lispector - Aprendizaje

Serán

Ahora, al fin
ni los años transcurridos
ni el nombre de tu herencia
ni el manto que te cubre

Tal vez
los deseos cumplidos
la edad de tu dolor
el color de tus sueños

Acaso si lo fueron
serán el porvenir.

Ahora

Aquí, en ésta que es
mi casa
mi refugio
mi campo de batalla
mi soledad
mi victoria
tu, y tu dolor
tu furia
tu amor
tu inocencia
tu desenfado
tu ternura
tu clamor
derriban los muros
a golpes
tu tan herido, y yo
tan derrotada

martes 22 de abril de 2008

Desnudarse

Miró

La sala de espera era neutral, casi ascética, una forma inútil de pretender que el elegido en este caso, no sería más que un interlocutor, como si pudiera de veras evitar ser un portador de ideología.
Cuando entré, luego de una breve presentación, me señaló el diván. No me gustan los divanes, si voy a desnudarme, prefiero hacerlo cara a cara, aunque cambiar las reglas del juego no le guste a nadie, más aún cuando el otro, para mantener distancia, evita las miradas.
Su reputación le precedía, y cuando uno está entregado, invierte en garantías, se confiesa con un cura o le paga a un psicoanalista.
¡Qué peligro! pensaba yo, esto de la libre asociación de ideas, porque una vez que empiece a hablar, tendrá la potestad de encerrarme en un loquero, y ni yo seré capaz de contradecirlo.
Debo confesar que fue una experiencia única, porque bucear en el interior, con tiburones a la vista, de la mano de alguien que sabe lo que hace, aunque riesgoso, es fascinante.
El riesgo del que hablo, es la bendita transferencia, la empatía inevitable, la imposible distancia, el lento proceso de involucrarse y la dolorosa separación.
Tal vez para él las consecuencias fueron otras, pues su reputación pretendía garantizar un imposible, la seguridad de ocupar un lugar en esa relación que lo mantendría a salvo de su tierna humanidad, de su capacidad de sorprenderse y de la rebeldía de sus sentimientos.

Sonámbulos

Ernesto Vila

Me desperté en mitad de la noche con el alboroto de la conversación, me levanté inquieta y me asomé al cuarto en el que dormían. Una de ellas, a punto de cumplir los 6 años, conversaba acaloradamente con alguien mientras yo podía escuchar el murmullo de su angustia cuando repetía, “no sé cuando va a volver mi papá”. La otra, con sus 4 años recién estrenados, agarrada del colchón como a un rencor, trataba de pasarlo por la puerta, haciendo gala de una fuerza que superaba cualquier expectativa, pero que ya había logrado desmontarlo de la cama. Mientras miraba la escena surrealista, estallé en una carcajada. El pudor del llanto exige soledad y la actividad nocturna de la casa no le dejaba ningún resquicio.
Aunque a veces sea imprescindible, uno no puede multiplicarse, el cuerpo reclama sus límites, dos brazos, dos piernas y un cerebro.
Empecé por ocuparme del colchón que me obstaculizaba la posibilidad de franquear la puerta. Cuando pregunté ¿qué estás haciendo?, unos enormes ojos verdes me miraron fijo sosteniendo el pulso en la mirada y ella contestó de mala gana, pues las evidencias estaban a la vista, que estaba ayudando con la mudanza, pero que el colchón no quería salir del cuarto. Superada por las evidencias, aproveché un descuido del colchón, y logré entrar al dormitorio. Allí, otros enormes ojos negros me exigían una respuesta para un interlocutor, invisible a los míos.

El universo de los sueños es tan real como el que más, por eso, si uno no se interna en su lógica, fracasará en el intento de comunicarse con quienes lo habitan, excluido para siempre del instante único e irrepetible de esa danza de fantasmas.
Y así, fue, pues mientras yo intentaba con la ternura propia de una madre, en la intuición de mi ignorancia y la ceguera del empeño, calmarlas para que volvieran a la cama a dormir, ellas seguían empecinadas en un mundo que me excluía.
Acorralada al fin, me interné con ellas en la noche más profunda, en la que cada uno elije el papel que más le gusta y que menos duele.

domingo 20 de abril de 2008

Sexo, amor y ...

Brancusi

A Luc por el coraje de exponerse.


El día que murió su padre, ella cumplía sus cuarenta años.
Lloró mucho y pensó más, sentirse huérfana la hizo tambalear. Comprendió que de alguna forma ese día comenzaba su verdadera vida adulta, que hasta allí había sido hija de una moral y una ética heredadas, y que en adelante debería inventarse sus propios límites.

Los detalles de la búsqueda son intrascendentes, lo que cuenta es que esa tarde estaba sentada en un café, esperando a un hombre del que nada sabía y al que jamás había visto. El amor y el sexo siempre habían sido un conjunto indisociable, que no siempre se resolvía con la pasión que la literatura y el cine prometían, y aunque en pleno siglo XX se hablara con más libertad, poco se decía del universo insondable de sentidos y sensaciones oprimidos, de la emboscada maldita que condenó a la mujer a parir a su hijos con dolor y a reprimir el placer, de los miedos y pudores heredados de un pasado de silencio.
El amor es complejo y el sexo en el amor lo es aún más. En el sexo se reproducen los intrincados vínculos del amor, sus límites, su relación de fuerzas, el pasado de encuentros y desencuentros, el presente de ambigüedades, y el futuro de expectativas. Cuando dos que se aman hacen el amor, en la cama hay muchos más. ¿Es posible despojarse del pasado, del presente y del futuro? ¿Es posible sentir la gloria y perderse en ella sin mayores consecuencias? ¿Es posible ser primitivo, casi animal, instintivo y visceral? Cuando una mujer se pregunta qué es un orgasmo, es porque nunca lo ha sentido y no es que no pueda, es que obedece un mandato divino. La frigidez, es una palabra inventada por el hombre para despreciar a la mujer, un espejo de su incapacidad para explorar la sexualidad femenina. Sentada en aquel café esperando a un desconocido, intuía que aunque tal vez tarde, pues ya había perdido muchos años entre el miedo y la ignorancia, podría conocerse y construirse en ese viaje a través de los límites de la razón.

Desnudos los dos y entregados al imperio de sus sentidos, sin saber nada más que el deseo de no saber, perdidos en un espacio sin memoria, se conocieron. Él la siguió por la geografía de los espasmos, acompañó sus manos que lo llevaron a través de los deseos que ella se atrevió a señalar, se dejó guiar por los aromas del sudor y escuchó los susurros que amenazaban con un grito. Ella se perdió en su anatomía, tanteó cada rincón de su cuerpo, se atrevió a los gustos del amor y cuando ya se había acabado hasta no dejar afuera un sólo músculo de su delgada fragilidad, lo esperó al fin para acabarse juntos y quedar tirados sin más resto que el de una caricia al rozar sus manos.

No fueron los polvos de dos enamorados, pero fue una gloria, y tal vez ahora que comienza a vislumbrar una ética y una moral de las que apropiarse, hijas del coraje y no de la herencia, pueda encontrar en el amor, el camino al paraíso.

sábado 19 de abril de 2008

Muros de silencio

Brancusi

Cuando abrí la puerta del consultorio y los vi sentados a los dos, tan frágiles y con su hija de 5 años en el medio, pensé en el desafío que representa la paternidad, en la dificultad del aprendizaje en el ejercicio de un rol para el que no hay más escuela que la intuición y la convicción que sólo la fuerza del amor derriba los muros de la soledad. Esos dos, inmersos en una realidad abrumadora, enfrentados al desafío de lo imposible, pagaban el duro precio de la ignorancia pero no se resignaban. Hacía un año que la niña, de un día para otro, había enmudecido y al no encontrar respuestas en la medicina, pues no se detectaban causas orgánicas para aquel silencio, acudieron a mí buscando ayuda, para enfrentar el desafío del futuro que tenían por delante.
El milagro de bucear en la psiquis es que uno a veces encuentra lo que busca, y con las herramientas adecuadas, puede transformar el silencio en una sinfonía. Pero escarbar puede ser una condena cuando uno encuentra lo que no esperaba.
Una maravillosa tarde de primavera, esas de brisa suave, sol rugiente y futuro de promesas, esos dos, con su pequeña hija y la muchacha de ojos negros que siempre la cuidaba por las tardes, fueron a navegar. El mar es traicionero, cuando los vientos viran, sus aguas se violentan y los navegantes se resisten. El viento cambió y la brisa se convirtió en vendaval. La niña cayó al agua. Después de unos minutos de desconcierto, la muchacha de ojos negros que siempre la cuidaba por las tardes, sin saber nadar y aterrada, se tiró al agua para rescatarla.
A veces el silencio es sólo silencio, una sinfonía del tiempo en suspenso, una instancia perpetua del alma, pero otras veces el silencio es la ausencia de dios, un manto tejido con los hilos invisibles del misterio, un muro que encubre el poder de las palabras, las pruebas de la infamia, la certeza del dolor y la imposibilidad de confesarlo sin destruir el porvenir. A veces el silencio es la muerte de la inocencia que se ahogó, muda y definitiva, una tarde de primavera en un mar despiadado.

viernes 18 de abril de 2008

Sí, porqué no...


Puede parecerse, pero no confundirse, ni siquiera aproximarse o compararse. El olor a lluvia en los días de primavera, el jazmín, que amaneció en flor en mi terraza, la perplejidad del niño que se ve por primera vez en el espejo, el furor del mar en los días de tormenta, la sorpresa de una espera que termina, el sueño de un milagro en la tierra, el silencio de una playa abandonada, la música que desgarra el alma, todo junto y lo demás, nada es comparable al polvo de dos enamorados.
Cada quince días, resignada a la incertidumbre, esperaba durante horas a que saliera o a que lo encerraran. Una vez que entraba al cuartel para cumplir con su deber de “libertad vigilada”, no se sabía nunca si volvería a salir, otra forma novedosa de tortura practicada por los militares mientras durara la “libertad” en Dictadura.
Pero esa tarde, el amor me dio una tregua.
A pocos metros, un caballo conquistaba a su yegua para montarla y penetrarla. Ninguna danza humana podrá nunca compararse al espectáculo que aquellos dos animales sin saberlo me ofrecieron, para desterrar al tiempo y a la espera, tan imponentes, fuertes, alzados, y enamorados. Sí, porqué no, enamorados, porque ¿quién se atrevería a negar que aquellos dos, enfrascados en una lucha tan humana de domino y sujeción, con todos sus instintos animales en juego, eran mucho más, que dos bestias enlazadas reproduciendo a la especie?

jueves 17 de abril de 2008

Ciudadela

"Cuando un hombre quiere manifestarse plenamente, sólo lo logrará en la muerte. Pues el hombre que ha dicho la verdad debe morir para que esa verdad suya sea definitiva. Porque una cosa es, cuando no tiene porvenir. De lo contrario, será transcurso hacia algo."


"Buscas un sentido a la vida, cuando ese sentido es, en primer lugar, llegar a ser en uno mismo, y no ganar esa paz miserable que tiende hacia el olvido de los litigios."

Saint-Exupéry - Ciudadela

A veces las palabras acuden sin piedad a invadirnos, a desmoronar, con sólo abrir la página de un libro olvidado, tantas certezas acumuladas, tantas verdades sostenidas en la axila, como un tesoro que no puede ser entregado sino al bajo precio de una urgencia existencial. Vivir afirmando que somos, para descubrir que no tendremos porvenir si no levantamos los brazos para izar la bandera blanca de la derrota frente a la verdad. Será, como dijo Marc Bloch, que las causas en la historia no se postulan, que hay que buscarlas…

miércoles 16 de abril de 2008

Yo conmigo

Eduardo Yepes - La lucha

Uno puede odiarse, pelearse, maltratarse, ofenderse, castigarse, reprocharse y culparse pero llegado el momento tendrá que reconciliarse, comprenderse y perdonarse al fin, de todas sus miserias. Mal que nos pese por momentos, deberemos hasta el final, vivir con nosotros mismos. Los otros en cambio, serán siempre una entidad a la que podremos aproximarnos de infinitas formas, tan cerca o tan tejos como queramos o nos lo permitan, pero sin lograr jamás atravesarlos, no es posible confundirse en un abrazo y transformarse en otra que contenga a ambos.
Por eso me gusta tanto, casi como me disgusta, este dúo de yo conmigo, mientras una levanta la voz, la otra llora, mientras una ríe, la otra se enfada, mientras una desea, la otra tiene miedo, mientras una hace daño, la otra protege, mientras una se enamora, a la otro la abandonan, una es la que promete y la otra la que cumple, hay una que siempre está buscando, pero es la otra la que encuentra. Siempre hay una que ama y otra que se deja. La soledad es al caer la noche, cuando las dos, inevitablemente, se van juntas a la cama.

martes 15 de abril de 2008

Cada una a su manera


Iremos a caminar como dos viejas amigas, que es lo que realmente somos, nos tomaremos todo el sol del mundo que abraza a esta ciudad y al mar que la rodea, recorreremos la actualidad política, con un ligero toque de ironía criticaremos a los que hoy nos gobiernan, muchos de ellos amigos y compañeros en luchas del pasado, por frustrar algunas esperanzas que ya habíamos resignado y volvimos a poner sobre el tapete, nos pondremos al día del devenir de nuestros hijos, los suyos y las mías, siempre con ternura y un rasgo de orgullo en la mirada, repasaremos un artículo controvertido y nos perderemos en las contradicciones subyacentes, disfrutaremos el argumento de algún libro estrenado y nos confesaremos. Casi siempre coincidimos, pero siempre nos respetamos, somos el espejo que nos muestra lo que no queremos ver sin agredirnos. Somos el otro que nos quiere, el que mira de cerca y con distancia, el que contiene los impulsos, el que advierte el peligro, el que critica pero no juzga.
Cada una a su manera se sentirá agradecida y dirá o no dirá lo que sabemos y a veces omitimos. Ella prefiere la ponderación al exceso, los adjetivos medidos, el pudor en los abrazos, la brutalidad de la omisión antes que el riesgo de un te quiero, la timidez al fin, de su condenada herencia. Yo por otro lado me excedo porque no puedo ponderar, los adjetivos siempre me resultan escasos cuando quiero contarlo todo y me quemo en la hoguera de los te quiero, fruto de mi condenada herencia.
Al día siguiente, ella me llamará para contarme que “Susana Giménez está regia” con todo el sarcasmo que la caracteriza o me dirá como al pasar que reeditaron su último libro que estaba agotado, y yo escribiré estas líneas esperando que las lea y que sienta en exceso, que la quiero.

lunes 14 de abril de 2008

Paria

Cartier-Bresson
El día que se presentó con su currículo en la mano buscando trabajo, pensé para mis adentros, “¡pobre tipo, el futuro que le espera!”
Tiene apenas 20 años recién cumplidos, pero basta mirarlo a los ojos para saber que no le ha sido fácil llegar a cumplirlos.
Todo en él, no solamente su mirada, es un espejo en el que a casi nadie le gusta mirarse, porque es más fácil desdeñar que pensar en lo que no se comprende y nos resulta ajeno. No para de hablar, su cuerpo siempre parece llegar antes que sus pensamientos, porque su rapidez para moverse y actuar responde en apariencia a impulsos que no están gobernados por ninguna racionalidad, siempre está preguntando y sobre cualquier tema que le pregunten da cátedra, quiere hacerlo todo y al hacerlo deja expuestos a los otros, porque no saben o no quieren hacer nada, es demasiado inteligente en un mundo de mediocres. No digo que sea fácil trabajar con él, pero ¿qué deberíamos hacer?, ¿patearlo como a una pelota y que otros se hagan cargo? Más o menos eso es lo que veladamente me proponen los que tienen que “padecerlo”.
Uno puede elegir actuar movido por las intuiciones o por las evidencias. A mí, siempre me gustaron más las primeras, las otras están condicionadas por las pruebas elaboradas y construidas con una lupa que casi nunca coincide con la mía. Y a la hora de equivocarse, prefiero ser víctima de mis propios errores.

No sé por cuánto tiempo trabajará conmigo, porque su naturaleza que le impide estarse quieto, lo empuja a buscar siempre otros derroteros, pero mientras tanto, lo único que se me ocurrió decirle, es que tal vez él sí pueda darse cuenta, porque la inteligencia y la sensibilidad son lo que le sobra, que no es que él sea diferente, es que los otros son a su pesar, por lo que si se pone una máscara quizás pueda pasar inadvertido, y evitar de esa forma que lo traten como a un paria.
Jodido precio tiene que pagar para ganarse la vida y comprar el pan de cada día.

domingo 13 de abril de 2008

El imperio de los sentidos

Mucha - El abismo

¿La monogamia, es algo más que una construcción ideológica para perpetuar una estructura de poder? ¿No es acaso la monogamia una respuesta ideológica a la necesidad de preservar la continuidad consanguínea de la propiedad privada?
Hace algunos años, y a propósito de una discusión respecto de la “fidelidad” en el amor y de la posibilidad de amar en el sentido “amoroso” a más de una persona al mismo tiempo, un amigo me recordaba la secuencia de una película española en la que la protagonista, cuestionada sobre el punto, respondía, “sí, es posible porque a mí me pasa”
La respuesta me parece sencillamente genial, porque va directamente al centro de la cuestión. Se plantean aquí dos temas de naturaleza diferente. Uno, centrado en una discusión filosófica, que tiene que ver con la historia de la monogamia y su función como construcción ideológica para según que fines. El otro, el universo de los sentimientos, que por su naturaleza no pueden ser cuestionados.
Lo que para mí es profundamente inquietante, es porqué “los sentimientos” se rigen por una “ética” de carácter ideológico y son permanentemente sometidos a su juicio, cuando los sentimientos están dirigidos por nuestros impulsos más vitales y primitivos y no por la “razón”
Claro que para poder vivir en sociedad es imprescindible ponerle un freno a los impulsos en la medida que éstos puedan invadir la libertad de otros, pero que de allí se concluya que es posible “condenarlos” e imponerles una culpa y un castigo a su naturaleza me parece descabellado. Y lo hacemos, permanentemente y con los nuestros, al punto que los sentidos y la moral se confunden y ya no pueden distinguirse. El amor con toda su complejidad, el deseo sexual, no son monógamos, no es posible reducirlos a un solo objeto de deseo, aún y a pesar de nuestros deseos de posesión y nuestros celos. Los sentimientos viven en permanente contradicción y el conflicto entre unos y otros debería resolverse o no, en el ámbito en el que se originan, en la intimidad de su naturaleza, y no en el imperio de una moral bajo cuya lupa los sacralizamos o los condenamos. La fidelidad, tal cual la concebimos, puede tener un valor intrínseco si hace referencia a las ideas, pero no tiene mayor trascendencia en su relación con los sentimientos. El sentir, no tiene más límites que los que nos imponemos, tal vez para no perdernos en el abismo al que nos somete.

sábado 12 de abril de 2008

Mea culpa

Jorge Ameal

Aunque nos cueste admitirlo, una vez cruzada la frontera que separa la juventud de la vida adulta, más tarde o más temprano, haciendo gala de una estupidez que compró cicatrices y a veces las pagó al contado, renegamos de los que vendrán detrás a ocupar nuestro lugar.
Todos hemos escuchado alguna vez a un adulto quejarse de “los jóvenes”; que no leen, que no escriben, que se aburren, que no quieren trabajar, que un sin fin de no, en definitiva, que sólo les preocupa y les conmueve su miserable y pequeño universo individual.
Cuando mucha gente se pone de acuerdo hay que sospechar, porque las verdades reveladas casi siempre ocultan una mentira que hace ruido. La trampa está no en lo que se dice, que en términos estadísticos es bastante cierto, sino en el juicio de valor que se impone al decirlo.
Ya lo dije antes, creo que cada generación encuentra en su destino posible, las herramientas para inventarse y construirse, y tal vez hacen lo mejor que pueden con lo que se encontraron, un pasado del que nosotros los adultos formamos parte y fuimos cómplices.
Tal vez sea cierto que los jóvenes llegan desganados a la vida adulta, pero no es menos cierto que los adultos somos responsables. Ocupamos casi todos los espacios, imponemos las verdades absolutas, desdeñamos otras formas de inventarse un lugar en este mundo, y sobre todo, olvidamos que no hace tanto tiempo, nosotros ocupamos su lugar. Sin embargo, entre toda esa juventud desganada, están los actores del futuro, hombres y mujeres que tal vez en las sombras, están germinando para transformar el mundo.

Por alguna extraña razón, producto quizás de esta modernidad que no comprendemos, parece que muchos de ellos decidieron buscarse, escucharse y cuestionarse en este mundo virtual.

Como decía Bertolt Brecht:
“Vosotros que surgiréis de la marea
en la que nosotros perecimos,
recordadnos con indulgencia.”

viernes 11 de abril de 2008

Comunión

Brancusi

Cuatro sueños, un silencio casi sepulcral, y la noche que avanza en una extraña comunión de momentos y circunstancias.
Algunas copas de vino, los perros que buscan un rincón, la brisa suave que refresca la vigilia y la luz de una antorcha que ahuyenta los mosquitos.
Preguntas imposibles sobre verdades fugitivas, el pasado clausurado como un convento, el presente congelado en la espera, y el futuro, un abanico de incertidumbres.
Sobre la mesa, el libro de las Mutaciones, que sólo se abrirá cuando llegue el momento. Mientras tanto, sobran las palabras, somos los mimos de un teatro improvisado, que comienza la función. La muerte, la locura, el amor y el abandono, monedas corrientes y de difícil solución.
Igual, en el género, todo se confunde, lo tuyo, lo de ellas, lo mío, lo nuestro, las promesas, el encuentro y la vida cotidiana.

jueves 10 de abril de 2008

La Parca

Henri Laurens - Dialogue des morts

Firme y decidida vendrá a buscarme; sabe que no habré de dar más batalla, que renunciaré a la miseria de este cuerpo con la certeza de haberlo vivido. Mientras tanto, le pondré trampas al destino, seguiré vagando por las noches entre sueños y fervores y jugaré durante el día, entre el cielo y la tierra, a inventarme una ficción de sonrisas y alegrías, de mundos paralelos y de amores eternos.
Cuando llegue, tendrá que conformarse, sólo encontrará la miseria de este cuerpo y los vestigios del alma, pues yo me habré consumido, entre el día y la noche, entre la vida y la ficción.

miércoles 9 de abril de 2008

Virtudes y miserias.

Goya - La maja desnuda


Cuando me halagan, me retraigo, no me gusta arrogarme virtudes que no me pertenecen por derecho propio, esto es por haberlas conquistado en el combate cuerpo a cuerpo con la vida y esgrimir una soberbia sólo digna de la mediocridad o de la grandeza. No soy ni una cosa ni la otra.
Cuando me acusan, también me retraigo, y por las mismas razones, porque aún equivocándome, práctica que me es extremadamente familiar, jamás he desdeñado a los otros, lo que fueron, lo que son y lo que quieren ser, ya sea que me amen o que me odien.

El tiempo a veces no es un fiel testigo, pues es posible vivir por años bordeando los arrabales del sentimiento o experimentar en pocos días lo más profundo de las evidencias. En este caso, el tiempo no lo fue, porque su naturaleza no conoce de superficies, y yo desde siempre me he internado en las profundidades de los otros. Una combinación letal para la serena armonía del devenir, una experiencia que no tiene marcha atrás y cuyas cicatrices habrá que curar por siempre.

¿Ininteligible?, ya lo sé, pero es lo mejor que puedo hacer.

lunes 7 de abril de 2008

Yo nací en el 60 (VIII) - Memorias para armar


Cuando nos despertamos adultos, el país era un hervidero, se podían vislumbrar algunas señales de desgaste en el seno del poder, y comenzaba poco a poco, a cobrar vida la resistencia silenciosa al despotismo que durante años se había ocultado en la militancia obstinada de un puñado de valientes.
Algunos presos políticos volvieron a ver la luz del día, y nosotros, que durante aquellos años nos habíamos hecho de un lugar entre la cárcel y la libertad, nos entregamos en cuerpo y alma, a los héroes de nuestra juventud.
La cárcel, la tortura, el exilio, los años al fin habían terminado por resquebrajar muchos de los vínculos que se habían gestado en la militancia y la clandestinidad.
Pero allí estábamos nosotros, mujeres en su mayoría, dispuestas como carne de cañón, a convertir el pasado miserable de esos hombres en un futuro de amor y de anhelos satisfechos.
De más está decir que ni lo uno ni lo otro, y no fue culpa de nadie, es que la vida es más compleja. Para empezar, nadie sale indemne de semejante experiencia, y tal vez con mucha suerte y otro tanto de empeño, se pueda con los años curar algunas de las heridas que se enterraron como balas de un fusil. Mientras tanto, fue preciso construirse y construir desde el dolor, pavada de propósito para una juventud virgen de experiencias, pero entregada a la vida y sus pulsiones y otra juventud que se marchitó en la resistencia.
Tal vez sea del seno mismo de las contradicciones que nace el clamor de la vida, no lo sé, pero puedo afirmar que aunque la vida es compleja, aquellos años representaron un desafío que hoy se me hace irrenunciable y mis hijas, la vida que engendramos, serán por siempre nuestro mejor y más cálido testigo.

sábado 5 de abril de 2008

Yo nací en el 60 (VII) - Entre Zitarrosa y los Beatles, se abrían las venas de América Latina


El “gusto” se educa, me imagino, es decir que en nuestra información genética este dato no nos viene dado. Sí acaso, somos víctimas del entorno en el que nos forjamos. Y digo víctimas, porque las circunstancias nos condenan. Ya sea por mimetizarnos con los otros, o por distinguirnos entre todos, vamos desarrollando un gusto en un sentido o en otro.
Dije hace unos días, que la dictadura me sorprendió, como a toda mi generación, a medio camino entre el ser y el deber. Un amigo, me cuestiona excesivo lo de “toda”, y aunque de seguro tiene razón, porque siempre la ha tenido, por “toda” yo hacía referencia a esa generación uruguaya que como yo, despertó a la juventud y se hizo adulta en el contexto histórico de la dictadura uruguaya, aunque sus comportamientos frente al despotismo y la opresión no hayan sido siempre iguales.
Y vuelvo al “gusto” aprendido, a las circunstancias que nos empujaron entonces a escuchar una música y no otra, a leer ciertos libros y a ver un cine particular.
Mi generación, y efectivamente no toda, tan sólo aquella que yo siento hermana y compañera, hacía cola durante horas en las salas de Cinemateca, para ver la “La Condición Humana” o “El crimen de Cuenca”, la misma que se escondía en las tardes soleadas de domingo entre los árboles de algún parque de Montevideo, con una cajilla de La paz y el mate entre las manos, a leer a Marta Harnecker o Nico Poulantzas, para poder entender a Althusser para poder leer a Marx, y también la misma que no festejaba sus 15 años entre bambalinas y Rock and Roll, que se preguntaba ¿cómo fue que nos jodimos? junto a Zavalita, el protagonista de “Conversación en la Catedral” y que creía saberlo todo después de haber leído ”Las venas abiertas de América Latina
Tal vez por eso, cuando el mundo entero y casi sin excepciones, aunque él diga que yo exagero y tenga razón, admira la genialidad de los Beatles yo me refugio en el silencio, no porque no pueda comprender que son geniales, que lo son, sino porque no me son “familiares”
Familiares son en mis oídos, Zitarrosa, Viglietti, y los Olimareños, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, Violeta Parra y Mercedes Sosa, Serrat, Paco Ibáñez y Raimon, todos ellos y a su manera, símbolos de nuestra modesta resistencia a la impunidad en la que nos forjamos.

viernes 4 de abril de 2008

Golpes Bajos

Miguel Ángel

Lo sé porque lo he sufrido, y a quien no le haya pasado que levante las manos, que no hay peor insulto que aquél que coincide con el que uno mismo ya se ha hecho.
Sólo pueden asustaron con nuestros miedos y ofendernos con nuestras miserias, sólo pueden acusarnos con nuestras culpas y humillarnos con nuestras confesiones, sólo pueden lastimarnos con nuestras heridas y abandonarnos porque amamos.
Lo sé también porque lo he infringido, y quien no lo haya hecho alguna vez que tire la primera piedra.
No hay una escala de dolores, por eso no es posible compararlos. Estamos condenados a padecer los que nos hayan tocado en suerte, pero tenemos la libertad de decidir cómo vivirlos. Podemos compartir desde un dolor de muelas hasta una experiencia límite, o podemos replegarnos y sufrirlos en soledad. Nos arriesgamos al compartir y lo hacemos al replegarnos. Al compartir, nos enfrentamos al rechazo de los otros, al replegarnos, nos enfrentamos al nuestro. Necesitamos de los otros para repartir la carga que a veces se vuelve insoportable, para no anegarnos en la mierda de la autocompasión y la incomunicación, y seremos a su vez los otros, para aquel que nos necesita. En este maravilloso juego de equilibristas que es la vida, mientras unos exponen sus miedos y sus culpas, sus heridas y sus amores, otros asustan, lastiman y abandonan. La cuestión será, distinguirnos en lo humano, resignarnos si es inevitable o pedir perdón cuando nos corresponda, pero no caer jamás en la tentación de devolver los golpes con las armas que nos ofrendaron, la confesión desgarrada que se filtró por las grietas de la soledad.

jueves 3 de abril de 2008

Estadísticas y resistencias.

REP

Detesto las estadísticas aunque debo admitir que son inherentes a la “lógica de mercado” del mundo en el que vivimos. Puesto que el capitalismo impone la ley de los grandes números, necesita de los datos estadísticos para informarse dónde, cuándo y cómo arrasar con lo que va quedando de lo que se ha escapado a sus reglas. Basta que surja un espacio, un resquicio en el que los cuerpos se acomoden para sentirse a salvo, para que la ley de los grandes números acuda a sacar sus propias conclusiones, despojadas en la medida de lo posible de cualquier rastro de humanidad que pueda hacer tambalear sus resultados.
Sin ir más lejos hoy se publica en “20 minutos “ el resultado de un estudio o una encuesta a propósito de los hábitos de los bloggers en el mundo hispano.
Entiendo que esos datos resulten importantes para los medios de comunicación, pues a su vez ellos dependerán de las empresas y de los gastos en publicidad que éstas decidan en función de esa información, pero no puedo dejar de preguntarme porqué habría de importarnos a nosotros, que sin ir más lejos nos apropiamos de un “espacio virtual” con el único propósito de leer y ser leídos para tejer una red de afectos y complicidades invisible a los ojos del mercado.
Irónicamente, los resultados de las encuestas ponen de manifiesto este fenómeno, el carácter autobiográfico de la mayor parte de lo que aquí se escribe, y tal vez por eso, los grandes números encuentren dificultades y resistencias para colarse y usurparnos este “lugar en el mundo” del que nos apropiamos y al que nos aferramos para sentirnos menos solos entre tantas soledades.

miércoles 2 de abril de 2008

Correspondencia VI - Símbolos

Cartier - Bresson

Llegados hasta aquí, tal vez no deba ofrecerte más que esto, yo me entrego con gozo y sin pudor a la esclavitud de las palabras pero no te impongo un refugio plagado de silencios. Una fórmula aceptable para dar vuelta la página, barajar y dar de nuevo y cada uno a lo que hay que hacer.
Ya lo dije, como no puedo rescatarme en el olvido, vuelvo al baúl de los recuerdos, construyo la ficción de este presente y discurro en un futuro que sólo por serlo es posible. La emboscada fue el comienzo, la delicia de escuchar tu voz, la seducción en las palabras, las sonrisas asomadas de la nada, los delirios satisfechos en la magia de las letras y la ansiedad de recibirlas a la vuelta, y el encuentro, recrear cara a cara y cuerpo a cuerpo el mundo que inventamos a través de una geografía sin fronteras. La sorpresa fue no habernos sorprendido, lo sorprendente, conocerse tanto y esperarse más. Casi como un rito, cada despedida anunciaba un reencuentro, y cada reencuentro era una afirmación. Después, todo sucedió como en teatro, un decorado finamente elaborado, el telón que anuncia el final de los ensayos y los actores que frente a frente se confiesan. Del baúl podría desempolvarlos todos, nunca tuvo fondo y yo los sigo acumulando. Pero puesta a elegir, y si de rescatar sólo uno se tratara, me quedaría con el instante de esa mano, la tuya, con su infinita ternura, con el roce de su timidez, con la firmeza del deseo y la certeza del encuentro. Aunque tú no lo recuerdes, porque la memoria del hombre suma en los hechos y la memoria de la mujer se construye en los símbolos, yo puedo y podré sentirla siempre que lo quiera al cerrar los ojos, y evocar en los sentidos las caricias del pasado. Todo lo demás son anécdotas, que ambos conocemos y podremos finalmente desdeñar.

martes 1 de abril de 2008

Yo nací en el 60 (VI) El peón


¿Cómo renegar de aquel pasado? Fue combatiendo al enemigo sin más armas que las que forjamos a la sombra de los árboles, que nos inventamos rebeldes, anárquicos, y utópicos. Fue en la impotencia de sabernos frágiles frente a la prepotencia desmedida del poder que descubrimos nuestra fuerza, la multiplicación silenciosa de la juventud que se oponía a cada golpe con un grito que más tarde estallaría sin piedad, fue por la urgente necesidad de comunicarnos que inventamos un lenguaje, fue ante el asombro por el odio irreconciliable que construimos las redes de un amor solidario, fue en la clandestinidad de nuestros deseos que aprendimos a querer la libertad.
Pero fue de nuestras infamias, que comprendimos la urgencia de construir al hombre nuevo.
Un atardecer, cuando el peón de estancia termina su faena, se sienta a la sombra de un árbol en el medio de la nada a fumar. Un potrillo perdido, busca a su madre. El peón, porque no puede dejar de serlo, va a socorrerlo y descubre por casualidad otro hombre fumando, en el medio de la nada. Debajo de la tierra, un enorme campo de tiro y un refugio clandestino. Algunas horas después, el peón, que sólo sabe del campo y su faena, y que se niega empecinadamente a transformarse en otra cosa de la que nada sabe y no comprende, recibe una inyección letal. Una vida por otras, un peón de campo que alguna noche de cervezas los va a delatar a cambio de otros peones de un ejército amenazado que deben continuar la lucha por peones como el que acaban de matar.
La década de los 70 avanzaba lentamente, la noche se hacía interminable y la utopía del hombre nuevo, formulada en la esperanza, había dado un paso atrás.