
La primera función, que por lo general otros desdeñan, es la que siempre elige cuando se sabe en peligro. Días oscuros que se anuncian al despertar y la obligan a buscar refugio para no imponerles a los otros la imposible tarea de rastrear en sus profundidades para ver la luz. Cuando entró en la sala y constató el vacío pensó que aquello podía parecerse a la felicidad. Buscó el asiento que imaginaba el centro justo y medido de aquel espacio que ya presumía suyo y sin obstáculos. Intimidad; así se llamaba la película que auguraba ese tiempo de la ficción que le pertenecía sin necesidad de explicarse o disculparse, sin testigos que pudieran dar fe de esa huída provisoria pero al fin definitiva mientras pudiera evadirse usurpando el lugar de sus personajes.
Cuando los títulos comenzaron a dibujarse en la pantalla vio su figura recortada en el pasillo tanteando apoyada en los respaldos para encontrar un lugar. Era un hombre, sólo de eso podía estar segura, y de la contrariedad que le produjo mientras se aproximaba para sentarse a su lado. Ahora ya sólo una butaca los separaba, como si los escasos cincuenta centímetros fueran suficientes para mitigar su presencia en el horizonte de su imaginada soledad. Pensó en huir pero sintió que no tenía fuerzas y se resignó a ignorar la compañía mientras se dejaba atrapar por la música que preludiaba su retorno a la prometida intimidad.
Algunas veces la ficción provee el milagro, lo extraordinario y maravilloso de ya no ser y sin embargo seguir siendo, la experiencia del dolor sin la herida, del placer sin el miedo, del encuentro que no se estrella contra la vida cotidiana. Peregrinar en ese juego de búsquedas y desencuentros, de la conquista del goce de los cuerpos sin palabras inútiles para decir lo indecible o resumir un pasado que ya es sólo ese presente de deseo, empatía y ternura subyugados. Una aventura que ahora comprendía imprescindible vivir de a dos. Nunca se miraron, pero ella sentía su respiración agitada, intuía el desconcierto de sus impulsos reprimidos, sabía de la experiencia irreversible.
Mientras los títulos sobre fondo negro del final se deslizaban por la pantalla ninguno de los dos se movió, pero al encenderse la luz de la sala se descubrieron buscándose y al verlo de frente ella sólo pudo esbozar una sonrisa con toda la ironía de una sorpresa que ignoraba pero acaso sospechaba. No se conocían, nunca antes se habían visto, no sabían sus nombres y sin embargo todo les resultaba familiar, tal vez la certeza de haber compartido esa huída hasta los confines dónde se construye la identidad para regresar con temores pero sin miedos a transitar juntos los misterios que oculta generoso, el futuro.



12 comentarios:
Sencillamente extraordinario, Idea.
Lo llamo intimidad de ascensor. Un pasatiempo íntimo de los predilectos míos consiste en medir la reacción de mi acompañante desconocido en el ascensor. Cómo administra los escasos centímetros de distancia entre su mundo y el mío, comprimidos en una caja sospechosamente parecida a la Vida, que desciende y se eleva con la única particularidad de obedecer a la presión de un botón. Tan fácil.
El juego de miradas, si se producen, se convierte en el lenguaje de un idioma que tienes que aprender en pocos segundos.
Mucho. Muchísimo me ha gustado tu entrada de hoy.
Beso, Idea. Que tengas una feliz semana tú y todos tus maravillosos comentaristas.
Precioso Idea, realmente precioso. ¡Y qué final! Me encantó. Eso de los confines donde se construye la identidad y la promesa de un futuro generoso juntos... ¡diablos, qué hermoso! Es una excelente lectura para iniciar la semana, muy positiva y llena de esperanza.
Un beso, Idea y cuide esa cabecita tan portentosa.
Para mí que el tipo la estaba siguiendo. Esa es una técnica de seducción que nunca falla: preparar todo con detalle minucioso, no dejar ningún detalle librado al azar y hacer como si las acciones las hubiera dictado un destino inevitable.
Hermoso relato. Pero se me hace que no tiene mucho de ficción, ¿no? :)
Querido Iluso, doblemente gracias, me rercordaste un cuento que transcurre en un ascensor que escribí hace tiempo y que tal vez cuelgue uno de éstos días.
Un beso grande para ti y los tuyos.
Darth, no se imagina cuánto placer me retribuye usted al encontrar en las palabras de esta casa un impulso positivo para transitar la semana. Besos.
Doti, imagino que usted conoce aquel dicho "la curiosidad mata al hombre y embaraza a la mujer" aunque aún sonrío perpleja pensando en sus presunciones al recordar sus palabras respecto del destino inevitable y el azar.
Para responder a su pregunta lo remito a un ya viejo post (como dice Cacho, aquí todo es efímero, tal vez allí pueda encontrar la respuesta.
Justo en otro blog, sobre cine, acabo de escribir una idea que me ronda la mente, por causa de mi espíritu de soñadora. Y es que me gustaría tener, al menos 500 vidas, sólo para recrear hermosas historias de amor.
Ese amor del destino, ese previo de la seducción, quizás el prohibido que conlleva tintes trágicos, el imaginado y convertido en real...
Pena da que la vida esfuma los sueños, descorre cortinas y te encuentras con la realidad, tal y como es. Decepción segura que, si hay amor real, continúa por aceptarse los defectos y hasta amarlos.
Misterio, ese del amor y de la atracción.
Saludos
No sé cómo habrá sido la película, pero si los espectadores eran más importantes que el filme presumo que no fue tan buena como el libro. "Intimidad" de Kureishi no tiene desperdicio, creo que es infilmable.
Un beso grande
La magia existe. Cuando nada parece tener sentido, una mirada de la persona indicada basta para transformarlo todo.
Gracias por regalarnos sus hermosos relatos.
Ya la extrañaba. Tengo que pasar más seguido.
Besos.
Llamémoslo, la magia del cine.
supongo que está demasiado entretenida como para colgar otro post
un beso y
felicitaciones!
Es que esa intimidad que ambos encontraron es muy buscada y codiciada por muchos, y de ella muchas veces nace la unión.
Me gustó.
Saludos
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