jueves 28 de agosto de 2008

Retrato


No en vano le llaman el refugio – aunque algunos sugieran que es un bar de mala muerte – y los que van buscando consuelo en las tardes rancias de viejos rencores pueden confirmarlo. Una calle tranquila, seis o siete mesas con sus sillas trilladas y un aire de nostalgia en la mirada de su dueño, que atiende sin prisas a los parroquianos que llegan hasta allí para ahogar en el alcohol la pena de ya no ser o de sólo haber sido en un ayer del tiempo ya gastado.
Un reloj que ha perdido su empeño en mostrar los minutos perdidos, paredes que exhiben retratos ajados de glorias marchitas y el humo del tabaco que oculta miradas furtivas. Un borracho escribe canciones, un loco se acomoda en la barra tarareando las notas y un viejo galán anacrónico, de botas con suela gastada y gesto engreído, entona los versos. La nostalgia es una vieja obstinación, y si las copas de míticos fervores no traen el consuelo, la mala muerte es una forma de vivir. Nadie puede probarlo porque el saber es clandestino, pero en las tardes grises de andar buscando en el olvido, desde la vieja calle empedrada que rodea la esquina negra de tantos exilios, se escucha cantar al Morocho del Abasto rebelde y obstinado como un acróbata imprudente, burlando los designios de su implacable porvenir.

12 comentarios:

Ilusoluis dijo...

Maldita diferencia, maldita. Eternos visitadores de profundidades. Odiadores de superficies. Os duelen las texturas lisas. Aislados. No os aceptáis. Agarrados a pensamientos como a torres inamovibles. Ya no rastreáis la luz ni incineráis la noche. Pobres títeres de Dios vosotros los borrachos, que no emergen,, enterrados por terremotos, hundidos en abismos, sin nunca saber cicatrizar la hondura de su pena, sin nunca saber convalecer de una cicatriz que no perdonas y que exilias en la penumbra de las cuatro esquinas negras de un bar que echa sobre la herida abierta sal marina en cada sorbo hasta hacerte perder el sentido como cuando con alcohol los galenos antiguos amputaban una pierna.
Maldita diferencia, maldita.

Luc dijo...

Justo lo que andaba necesitando. Espero que el Zorzal se cante alguna de Discepolín. Por lo pronto me pido un ristretto y me quedo en este rinconcito bien escondido de mis cuitas, de la amargura de amar los imposibles y del caos de intentarlo a toda costa.
Gracias, Idea, gracias por avisarme. Siento que ya estoy en casa. ¿La puedo invitar con algo?

Nuncio Tamallangos dijo...

Leyendo el retrato, me pareció reconocer el lugar en las calles de más de una ciudad. Tal vez no haya ciudad sin refugio.

Un beso.

UnAngel dijo...

Una imagen, una fotografía, nos da muchos detalles, incluso, si es buena, sensaciones. Pero tu relato es capaz de generar en mi mente una instantánea vívida, viva, bella, y con matices que la luz no capta jamás y sólo aparecen de la pluma experta.

Santi el montador dijo...

Un refugio, para el alma,para la nostalgia, para cualquier tiempo pasado fue mejor, para el alivio del futuro, pero es su descanso, su alivio, que más nos da pasado, presente o futuro, todo es lo mismo TIEMPO. Lo importante es que ese mágico refugio lleno de fotos amarillas, regado de alcohol barato, iluminado con la esperanza de un TANGO, los repare el alma.
Yo en esos lugares, me oculto en un rincón, miro,miro y miro hasta caer borracho de los buenos tiempos que se añoran, bueno no se si será por eso o por la botella de aguardiente que me bebo, algún día debo de analizarlo con más tranquilidad.

Carolina dijo...

Existen estos lugares aqui, doy fe... no sabia que en Uruguay tambien... Pero... Tienen a Gardel!??! Ah, no, asi no queridita...

Tambien otros lugares no tan prometedores, al coincidir la gente indicada se redimen ¿no le parece?

J. dijo...

Leyendo los comentarios veo que continúa la vieja, eterna disputa sobre el origen de Gardel. Yo diría que ni porteño ni uruguayo; Gardel es de todos y de nadie, como una mujer fatal, ese privilegio se ha ganado. Pero en fin, los pasados oscuros siempre dejan espacios en blanco...

Abrazos

Fede dijo...

En un bar así perdí muchos años... Los otros años, los perdí en lugares menos memorables.

cacho de pan dijo...

"Como perros de presa las penas traicioneras
celando su cariño galopaban detras,
y escondida en las aguas de su mirada buena
la muerte agazapada marcaba su compás..."

Oigo desde aquí como lo canta. Bien como siempre, gracias a usted.
Un abrazo

Idea dijo...

Ilusoluis, me conmoviste. Desconocía tu vehemencia.

Luc, usted sabe de cierto que está en casa. ¿Brindamos?

UnAngel, me sonrojo aunque no puedas comprobarlo, y más aún porque sé (he tenido la oportunidad de leerte) y porque se comenta que tu pluma es algo más que experta, se vislumbra concebida en las entrañas y dibujada sin concesiones. ¿Será por eso que se refugia dónde es imposible encontrarla?

Santi, si alguna vez llegás a estas tierras, con gusto te haré compañía en los rincones de algún bar de mala muerte para brindar por la añoranza y escuchar las voces que no sucumben frente a ella.

Carolina, es que el Muchacho como bien dice J. es de todos y de nadie, como las mujeres fatales, se pasean ignorando las fronteras. También es cierto que para redimirse, sólo hace falta que haya alguien más.

J. coincido, y los espacios en blanco tienen la maravillosa cualidad de poner llenarse a piacere. Un beso

Fede, jaja, pérdidas necesarias para seguir buscando.

Cacho, ¿usted también lo escucha? Ya lo suponía yo, vamos siendo muchos. Gracias a usted por los versos. Beso

B. Maltés dijo...

...la mala muerte es una forma de vivir.

¿Te importa que me la lleve?

Idea dijo...

B. Maltés, claro que me importa, le regalo cuanto quiera, hace tiempo que lo echaba en falta.
Cariños