
Que sí, que podés llevarte todo, los racimos de uva fresca que están en la heladera, la mesa en la que solíamos comer, el sofá de dos cuerpos que nos soñaba desnudos, el mazo de cartas que aseguraba el triunfo en los juegos de azar, las mantas que nos protegían del frío y la humedad, las luces de neón que le hacen trampas a la noche en el jardín, las maletas con tu ropa y la mía – qué más da – el retrato de tu abuela que siempre fisgoneaba para censurar, las copas y el vino que añejaba esperando la ocasión, las cuerdas del reloj que nunca giramos para hacer el amor, el jazmín que aún no sabe cuándo puede florecer, los libros de la biblioteca – sí, los libros – ese compendio de universos infinitos que aún tenemos por vivir, la cama que alguna vez fue nuestra para decirnos con vehemencia la pasión, la libreta de matrimonio que ocultábamos en el cajón, tu cepillo de dientes – y el mío porqué no - los discos que prometían la resurrección, las piezas y el tablero de ajedrez que alguna vez desafiaron tu inteligencia y la mía, y todo lo que quieras o puedas encontrar aunque yo no sea capaz de enumerar.
Lo que no podrás llevarte – y no es que me oponga, es que simplemente no es posible – son los días y las noches en que fuimos amigos y amantes, las horas de encontrarnos y descubrirnos, todos los minutos en que la vida fue eterna porque al acabarnos siempre nos reinventamos.
Lo que no podrás llevarte – y no es que me oponga, es que simplemente no es posible – son los días y las noches en que fuimos amigos y amantes, las horas de encontrarnos y descubrirnos, todos los minutos en que la vida fue eterna porque al acabarnos siempre nos reinventamos.



9 comentarios:
Lo que siempre nos va a pertenecer.
Siempre nos quedará (me quedará) Paris.
Pues fíjese que creo que discrepo con usted esta vez (es, lo admito, una excepción): me parece que sí que se los puede llevar (los días y las noches), aunque usted también se los quede. Y creo que es porque los que se llevaría son distintos de los que se queda usted; aunque sean los mismos. (Esto seguro que no se entiende. De hecho yo tampoco lo entiendo)
Me voy a poner melancólica...
Ver comentario (mal puesto en) post anterior.
Llegada a este punto del descenso de esa única montaña que nunca más se ha de volver a escalar, quiero recordarte unas palabras de Buda: "el dolor es inevitable. El sufrimiento es opcional"
Si recordar los meses de abril vividos junto al jugador de ajedrez te causa dolor, déjale que se lleve también el calendario. Deja que la melancolía se diluya lentamente y que su memoria se convierta en un cristal de cuarzo en tu memoria con destellos de colores. Algo que pueda arrancarte una sonrisa. No es imposible.
Quizás no puedan ser arrebatadas las horas vividas, pero sí mancillado su recuerdo. La suave capa de terciopelo que los envuelve y en la que otrora nos deslizábamos se torna en mil aristas de cristal que nos arrancan bocados del alma cada vez que nos sumergimos en ellos, no dejandote otro camino que arrojarlos a las simas del olvido.
¿Puedo usarlo para despedir a mi proximo ex? Es tan impresionante, tan elegante...
Hay algo increíble en ese poder de inventar despedidas donde lo único peor es la melancolía. Luego están las de verdad, en que lo mejor es algún insulto sin gracia. Y qué razón, los recuerdos no se borran ni adrede. Un saludo, me gustó leerte
.
Él ( escuchándola derretido) :..Me puedo quedar ? . Preparo el Tablero.
Soy tu peón, mi Reina...
Jaque.
Publicar un comentario en la entrada