
Don McCullin
- Viejo pará que nos vamos a matar, fue lo último que le escuchó decir a Joaquín, entre risas, festejando su imprudente alegría. Su enorme sonrisa de labios gruesos en un rostro ingenuo de mirada profunda, fue la última imagen que vio antes del impacto.
A su alrededor todo era movimiento, el ir y venir de las ambulancias, el sonido intransigente de las sirenas deteniendo el tránsito, los curiosos que se amontonaban para murmurar su espanto, y su mujer llegando esperanzada – por la inocencia de una mentira calculada – buscando a su marido y a su hijo, accidentados.
Aunque trataron de impedírselo, no pudieron evitar que se acercara a Joaquín, que lo abrazara y lo sacudiera queriendo despertarlo, que le gritara implorándole vivir, como si de él dependiera. Inútil para un cuerpo sin vida ni porvenir.
Él la miraba de costado, tendido en el suelo. La vio rígida, vencida por las evidencias. Cuando ella se inclinó para buscarlo, pudo percibir el retrato de un desprecio - de quien no tiene ya nada que perder. Sus pasos, de caminar con un cuerpo más pesado que la culpa, se le antojaron en cámara lenta, como de un final que se aproxima.
Cuando su mujer, ya firme junto a él como un perro de caza vigilando a su presa, le dijo – matáte, ni siquiera pestañeó, y aunque el odio era un destello que acentuaba su tono imperativo, pudo reconocer los hilos de la compasión al verla mover sus labios como una marioneta.
- Matate, repetía ella obstinada y perentoriamente, como si esa fuera la única cosa que le quedaba por hacer antes de hundirse definitiva y muda, en el dolor.
Él simplemente la miraba como quien mira al vacío, sabiendo que nada nuevo, que ninguna cosa de este mundo o de otros, podía conmoverlo. Para entonces, los rastros de alcohol en su sangre se habían diluido. Perdido en el eco irreversible de la muerte, sabía que ya no era un hombre, acaso una cosa fofa y sin vida que se arrastraba buscando llegar a ninguna parte.



11 comentarios:
Es muy extraña la perspectiva del cadáver. Cuando era chico vi un documental sobre Hiroshima y mostraron como en una escalera había quedado marcada la figura de un hombre que estaba sentado en el momento de la explosión. No había quedado nada más de él. A mí me gusta pensar que lo que quedó del pobre japonés fue la sombra, que ni se enteró de lo que pasó. A veces, cuando alguien muere, nos quedamos como sombras que no entienden.
Un segundo basta para cambiarlo todo. La vida no perdona, y las pocas veces que lo hace creo que no somos lo suficientemente conscientes del regalo imposible que se nos dio.
Excelente.
Avocándome al caso concreto , nunca pude terminar de entender a áquellos que arriesgan la vida propia y de los demás por causas tan evitables como el exceso de velocidad y/o la ingesta de alcohol.
El ya no es un hombre ; puedo ser duro, pero creo que se lo tiene absolutamente merecido :nada podrá reparar la tragedia que causó.
Todos los días , en todas las rutas , ese Hombre tiene nombre y
apellido.
Bueno, primero gracias por sus comentarios en mi blog. Siempre es lindo que le dejen comentarios a uno.
Segundo, me gustó este cuento.
Tercero, su blog es muy interesante, me va a tener seguido por aquí.
Le dejo un saludo cordial, como las murgas.
Hola!
Dándo vueltas y vueltas por ahí, sin saber muy bien cómo, he venido a parar a tu blog, me he paseado un buén rato por él y me ha encantado, asi que con tu permiso volveré a visitarte de vez en cuando para seguir disfrutando de tus textos.
Un saludo y hasta pronto!
Cerró sus ojos y quedó sumido en la más profunda y oscura soledad.
¿Dónde fue ese hombre?
Fue a donde vino, a la soledad del universo, si regresase, nos resolvería un gran enigma.
Idea, se me ha puesto la piel de gallina. Por un momento me he sentido como esos curiosos que murmuran el espanto de presenciar lo que nunca querrían vivir ellos mismos, lo que rezan por no tener que vivir nunca.
Entiendo a la mujer de Joaquín. No es raro que el máximo dolor desemboque en el máximo delirio.
Me alegro de que tu visita a mi blog me haya hecho descubrir el tuyo.
¡Un beso!
Terrible. Como dice Calderon, esa gente diariamente tiene miles de nombres. Lo peor es cuando no son ellos mismos las victimas, sino otras personas, ajenas e inocentes. De esta manera se forma una cadena de dolor, imparable e inmensa.
Fragmento de entrevista con
Anthony Hopkins:
" Cuando te das de golpes contra la pared a lo largo de tu vida, te das cuenta de que algo no está bien y lo racionalizas. Cuando envejeces, enfrentas las cosas porque el tiempo se te está yendo. Mi filosofía a estas alturas es que no hay respuestas para nada. Nada tiene sentido. Para qué preocuparte si no hay respuestas en este mundo. Lo más interesante de la vida es cuando vas manejando y de repente ves un cementerio y dices 'gracias a Dios que no estoy ahí, ¿pero que estoy haciendo con mi vida mientras me llega el tiempo?', creo que de eso se trata todo".
Y como dice un amigo. El mundo sigue girando...
silencio en la noche
ya todo está en calma
La muerte bestial me da miedo. La que no está invitada en medio de un viaje de placer o cortándote la digestión mientras nadas alegremente.
Pero la que se aproxima lentamente, quiero pensar que terminaremos siendo amigos. De alguna manera que no sé bien explicar, me ayuda a que mi vida sea más fecunda y alegre.
Profundo post escrito de la única manera que se puede escribir sobre lo más trascendente que existe. Con elegancia sencilla, con sencillez elegante. Un abrazo, Idea.
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